Goliat (antes, David) tiene el gatillo fácil con los débiles

31 05 2010

Un mal despertar: las radios se hacían eco del ataque del ejército israelí a la flota solidaria que intentaba romper el bloqueo impuesto a Gaza. Antes de seguir, os recomiendo el blog de Mónica G. Prieto, que proporciona muy fuena información anterior. El caso es que de nuevo se repitieron en las diferentes emisoras (y también en los periódicos) los tópicos habituales. Entre los comentarios más ineptos, éste:  “Parece mentira que un ejército tan bien preparado como el de Israel haya cometido una acción tan estúpida” (el subrayado es mío).

Es cierto que el Ejército israelí tiene de todo, generosamente suministrado por sus valedores estadounidenses, y que se forjó venciendo a los diferentes, desunidos y peor pertrechados ejércitos árabes , de 1948 en adelante. Pero también lo es -cierto, ciertísimo- que el actual esfuerzo bélico sólo les funciona cuando el enemigo no se encuentra a su altura. Qué fácil, bombardear Gaza, o invadirla a sangre y fuego, y que delante no exista una armada regular dando la cara, sino un esfuerzo guerrillero de liberación más bien dividido, y miles de civiles indefensos a quienes masacrar. Qué simple, ser un soldado bien nutrido que todo lo que tiene que hacer es amenazar o apalear a niños, mujeres y viejos palestinos que pretenden cruzar el muro de la vergüenza en un sentido o en otro.

Los vi con estos ojos durante la primera Intifada, en la segunda mitad de los 80, soldados jóvenes que llevaban la bolsa de plástico del almuerzo y una botella de agua colgando del cinto, y que con la culata de sus fusiles de asalto rompían los brazos de los niños que tiraban piedras, golpeándolos contra los peldaños de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Siempre temerosos de sufrir un atentado, pero nunca aplastados por fuerza exterior alguna. Paranoicos y, por lo tanto, débiles. Y temibles.

La guerra del verano de 2006 entre Hizbulá e Israel dejó algo muy claro. Los invasores israelíes obtuvieron grandes victorias bombardeando desde el aire a familias que huían de sus pueblos después de que desde los propios bombarderos les hubieran avisado con octavillas para que se marcharan; triunfaron destruyendo locales de la Naciones Unidas con refugiados dentro, y bombardeando ambulancias de la Cruz Roja. Otra cosa fue en el cuerpo a cuerpo con los milicianos de Hizbolá, sobre el terreno. Mientras la comunidad internacional les dio manos libres, mataron a unos miles de civiles.  Pero al final tuvieron que marcharse, humillados.

Eso es lo que hace el “muy preparado Ejército de Israel” cuando ha de enfrentarse a gente bien armada y disciplinada como un ejército,  que lucha además por su tierra. La guerra de Israel es la de un país rico y mimado que intenta mantener y extender sus colonias. O es sucia, o no les funciona.

Por eso atacan barcos desarmados. Para seguir sintiéndose alguien. Exactamente como el matón del barrio, pero a lo bestia.



Dennis Hopper ya está con James Dean

30 05 2010

Tuve un encuentro cinematográfico con Dennis Hopper en 1980. Él vino a Barcelona para el estreno de su película “Caído del cielo” y aprovechando su amistad con Bigas Luna, que le había contratado para protagonizar “Reborn”. Yo formaba parte del grupito de mitómanos que le seguíamos, a Hopper, personalmente, por haber dirigido “Easy rider”, un manifiesto generacional que visto hoy queda bastante trasnochado, sobre todo en las escenas oníricas, LSD mediante, que estaba escrito que no le salieran bien ni al José Antonio de la Loma moralizante del tardofranquismo ni a un tipo como Hopper, que de cine sabía casi tanto como de drogas.

Era, entonces, un hombre que pedía cocaína sin parar, bebía sin parar y que, drogado,  se ponía violento. De mi breve encuentro con él recuerdo, sobre todo, lo mucho que le hería que le habláramos de James Dean, cosa que todos hacíamos, desde luego. Me causó la impresión de que guardaba, respecto al megadifunto con quien había compartido dos películasDennis Hopper y James Dean, con Natalie Wood, en "Rebelde sin causa" (“Rebelde sin causa” y “Gigante”), sentimientos confusos.

Pienso que como Dean fue un seductor de hombres, mujeres, animales, vegetales y minerales, posiblemente se enamoró de él a la manera del personaje de Sal Mineo en “Rebelde…”, y que sus deseos de emulación se vieron decapitados de cuajo por la repentina muerte del ídolo. Pienso que, con el tiempo, quiso construirse el tipo de carrera -y de vida- que creyó que James Dean habría tenido si hubiera disfrutado de la oportunidad de envejecer. Pienso que se fue convirtiendo en un gran actor, un complejo cineasta y una persona controvertida porque siguió idealmente a su modelo. También pienso que podía ser un individuo muy querible incluso en sus peores momentos, si uno conseguía que dejara en paz el revólver que siempre llevaba a los rodajes, o que no le rompiera la cara a puñetazos.

Descanse en paz, por fin junto a James Dean, el colega a quien nunca olvidó.



Soledad Gallego-Diaz, periodista insobornable

29 05 2010

No voy a perder el tiempo aquí detallando la biografía de Soledad Gallego-Diaz, periodista y amiga, que fue mi jefa en El País. Para eso hemos aprendido a googlear. Tampoco os voy a contar los premios que acumula, a los que se añade el Cirilo Rodríguez que acaban de concederle. Os contaré una historia preciosa en la que ella me permitió participar. Esta mujer, que fue directora-adjunta del dicho diario y que dejó el cargo muy pronto (¿alguien ha dejado un cargo así alguna vez), sólo ella sabe lo que vió, porque es muy discreta. Esta mujer dotada de una inteligencia superior -sí, superior: así de claro-, decía,  fue antes subdirectora, y en calidad de tal se encargaba de mandarme a mí a sitios, porque sabía que si yo había regresado a la redacción, después de mi fuga a Cambio 16 en el 84, era para mover el culo, no para quedarme calentando una silla. Un día me llamó y me hizo sentar en su despacho: “Tú, ¿a dónde quieres ir?”. Le hice una lista, que empezaba así: “Chile (Pinochet), Líbano (guerra civil), Suráfrica (apartheid)…”. La cogió, subió a hablar con el director, y al poco volvió dispuesta a ofrecerme unos cuantos viajes. También me mandó a Haití, a Etiopía. Hizo que los demás se acostumbraran a que la Torres siempre estuviera de viaje: lo cual no era cosa fácil, dado que en todas partes surgen celos. Pocos años más tarde, yo sentía una nostalgia exacerbada de Beirut, del frío de los campos palestinos, de las calles todavía en guerra. Era Navidad, y me desahogué escribiendo una columna. Ese mismo día me telefoneó Sol a mi piso de Madrid. “Si no tienes dónde pasar la Nochebuena, no se me ocurre un lugar más parecido a Beirut que en casa de mi madre, con mi familia”. Ya os he dicho que es una mujer extraordinaria, y de casta le viene. Padre gran matemático, madre gran mujer, nacida en Cuba. Un montón de hermanos. Pasé una velada magnífica. La madre de Sol -perdonadme la mala memoria, no recuerdo su nombre ahora mismo, pero sí su rostro, su encanto- era algo pintoresca en lo de preparar cenas: hizo subir una carne del restaurante de abajo y extendió un rollo de papel como mantel sobre la gran mesa, y puso vasos y platos de cartón. Y eso, ¿sabéis por qué? Pues porque había pasado por mucho, había criado a muchos hijos y se había vuelto muy práctica. Lo que más recuerdo fue que con todos nosotros se sentó la perrita caniche de uno de los hermanos de Sol. “Qué tranquila está”, dije. “Es que le hemos dado un valium antes de venir”. Estupenda familia, gran Sol que sigue dándonos su luz, desde su corresponsalía actual en Buenos Aires y en los artículos de opinión que cada domingo publica en El País.



Horas de besos y atunes

28 05 2010

Ya sabéis que, a veces, la musica hiere. La música no mata pero, cuando apuñala, lo hace a fondo, y mientras te desangras en languidez salen a pasear por el salón esos momentos que debieron haber sido y no fueron, esos encuentros que se volvieron espaldas. Yo tenía hoy una mañana de esas, deliberadamente borde con la música, contra la música. No, no te pongas ésa, que hace daño, ¿recuerdas? No, no te acerques ahí, que la pena muerde. No pienses siquiera en repetir ese acorde, esa nota, porque se reproduciría tal o cual esguince del corazón (que nunca se rompe: es el órgano más fuerte… pero se resquebraja, y no puede vendarse).
Entonces yo estaba muy cauta hoy, pasando por delante del iTouch sin mirarlo, dejando atrás la radio con reproductor CD como si no la conociera. Al punto de mi piso en donde tengo el equipo de música ni siquiera le he dirigido los pies. Hay días así, en que evitas las tumbas en donde depositaste tus pequeños adioses en forma de músicas.
Pero con el traicionero Internet eso ha cambiado. Y para bien. Porque la música me ha sorprendido a traición, como si me dijera: “Hermana, que las dos hemos estado en eso, pero fíate de mí, que soy más fuerte, más duradera. Dame la mano y sal de tu cobarde escondrijo”.
Lo cuento. Me he ido, como cada mañana, a leer o releer los versos que deja en su blog El cigarro de José Agustín, y como tiene el tipo la costumbre de meter en él sus músicas favoritas, estaba yo en plena degustación de sus palabras cuando me llegaron otras que también me prendieron, pegadas a una música que me baldeó de amores.
Burra de mí, yo no conocía a Javier Ruibal. Tal como es os lo digo. Confieso que he vivido sin Ruibal, maldita sea. De modo que hoy, en esta mañana desaboría de mi sordera voluntaria, me ha vuelto el don de escuchar, y por una puerta grande que es también una puerta nueva para mí. Y me he puesto a espotifar como una salvaje y aquí estoy, escuchando como una niña buena. “De todo lo que besé, no doy beso por perdido” y “Yo cumplí mi compromiso, no se pescan por deporte atunes en el Paraíso”. Amén y así sea.



Plegaria por los toritos mártires

27 05 2010

De los periódicos, estos días:

“Lleno de no hay billetes. Uno cinqueño, bajo de hechuras, vacío por dentro.  Otro con cara, pero encogido. Otro serio, muy buen toro. Otro en tipo, justo de poder, noble. Bien presentados, mansos de libro, sosos, deslucidos y sin clase; destacó el cuarto por su nobleza y el quinto en el tramo final. Cinqueños todos, la mayoría pasados, de amplias encornaduras, desiguales de lámina dentro de la seriedad. Mansos de carreta, el cuarto por el izquierdo, rajadito y noble, se dejó; el mejor fue el sexto por la izquierda, también. Grandón, suelto de carnes, noble, un punto informal”.

De los periódicos, estos días:

“Dos pinchazos, metisaca y pinchazo hondo tendido. En el quinto, cuatro pinchazos y descabello. Bajonazo. En el sexto, estocada y descabello. Casi entera baja, bajonazo, un descabello y el toro se echa. Bajonazo, estocada y un descabello. Tres pinchazos, media estocada y cinco descabellos.  En el cuarto, dos pinchazos, estocada corta asada y dos descabellos. Media estocada tendida. En el quinto, pinchazo, media tendida y dos descabellos. Dos pinchazos, estocada atravesada que hace guardia y descabello. Pinchazo y estocada”.

De los periódicos, estos días:

“Silencio, aviso, palmas, pitos, silencio, palmas, pitos, aviso, petición de oreja y gran ovación”.

En aquellos tiempos, los degenerados iberos se reunían en torno a un círculo arenoso para deleitarse con el sacrificio lento, la tortura de unos hermosos toros a manos de cristianos. En la barrera, la hija de los Reyes, Elena de Borbón, que tanto lloró cuando vio a su hermano don Felipe pasear en Olimpia la bandera patria durante los Juegos, reía abiertamente de placer ante el espectáculo de la muerte en la tarde. El presidente de la asociación nacional de periodistas o escribas también aparecía satisfecho, así como la presidenta de la Centralidad, doña Esperanza Aguirre, que se hacía fotos con sus admiradores. Marichalar el Ex y Carmen M. Bordiu la Eterna respiraban el mismo aire, mientras las bestias mugían de dolor, empapadas de sangre. A un banquero se le dilataban de excitación las narices, como si se le hubieran pringado de tinta del Banco de España.

Ayer recibí una invitación repulsiva del embajador de Francia en Madrid. Para -lo pongo en francés porque su cursilería le hace justicia- hacerle el honor de “célébrer l’amitié taurine qui unit la France et l’Espagne”. Como no hay que dar puntada sin hilo, al pie del mensaje figuran palabras de agradecimiento dedicadas a los patrocinadores del evento, entre otros Alcampo, Caballero -¿Qué hay? ¡Toros muertos, eso es lo que hay!-, Mahou San Miguel, Pernod y un en fin, en fin.

¿Alguien sabe cómo se llamaban los toritos mártires, los toritos  por cuyo sacrificio cruento no lloró ni siquiera la más llorona de nuestras infantas?

Este post requiere un homenaje a Julián Rafalko, que ama a los animales y vive con Jamona, deliciosa cerda, entre otras inocentes criaturas. En el vídeo, con Jamona, cuando era un bebé.

En la foto, la niña cerca, ya crecidita, pero igual de preciosa.

los niños crecen