Políticos y folclóricas

Vaya por delante que desde este blog, al menos desde mi mismidad, no se desprestigia a la política ni se sostiene que «todos los políticos son iguales», esa peligrosa cantinela: se señala con nombres y apellidos y se intenta, en la medida de lo pisible, criticar para funcionar mejor. Ahora bien, malas cosas, tenerlas, ellos las tienen, y debemos afirmar nuestro derecho a criticárselos.

Uno de los defectos más destacables en el 99 por ciento de los políticos -supongo que existe un 1 por cento inocente por ahí- es su capacidad para cambiar la piel que tuvieron antes de obtener un cargo.

La autora de novelas policíacas Patricia Cornwell lo define muy bien -con esa envidiable sobriedad de los escritores anglosajones, esa precisión- en su novela El último reducto. Entrecomillo un párrafo suyo en el que he subrayado la idea a la que me refiero:

«La política, en especial, es desastrosa para las relaciones porque la naturaleza de la política consiste en recrear a la persona. El Mike Mitchell que yo conocía quedó sustituido por un hombre de estado que aprendió a procesar sus fuertes creencias mediante subrutinas seguras y muy bien calculadas».

A esa transformación se debe la perplejidad que sienten cuando las urnas los botan, con b alta. «¿Cómo es posible? ¿Yo, que todo lo he hecho por (aquí poner el país correspondiente)?».

don Mariano Rajoy

Por eso, también, para un@ entrevistador@, hincarle el diente a un político le resulta tan arduo como intentar sacarle algo de verdad a una folclórica. Os lo digo yo, que  he tenido a ambas especies sentadas delante. Como mucho, os hallaréis ante la seducción. Nunca ante la verdad.

Con una excepción, claro. Lola Flores.

Por |2010-06-26T09:07:46+01:0025/06/2010|Categorías: política|Etiquetas: , |21 Comentarios

A la memoria de los niños de Castelldefels

No quiero escribir nada, sólo pensar en lo fácilmente que se trunca eso tan frágil y único que poseemos, la vida. En recuerdo de los chicos y chicas que ya no pueden disfrutar de otro verano, este fragmento de una película emblemática de los veranos míos, La chica con la maleta, agridulce y tiernísima historia de los primeros estíos, los primeros amores, las primeras penas del corazón. No sé por qué hoy, al escuchar la noticia, he pensado en un verano, en un amor, en esta película.

Por |2010-08-30T15:47:09+01:0024/06/2010|Categorías: actualidad, mis músicas, sociedad|17 Comentarios

Reflexiones acerca de este invento

Llevo días -prácticamente, desde que empecé a familiarizarme con las argucias del ‘instrumento’ blog- reflexionando acerca de las posibilidades que me ofrece, no ya como periodista opinativa a la que le apetece soltar su pieza, sino, precisamente, en cuanto a la forma. Hoy, gracias a un error cometido por mí, tengo excusa para contaros lo que pienso.

Esta mañana, cuando me conecté a elpais.com, y me fui rutinariamente a ver mi columna, se me salieron los pulsos. Me encontré con una columna mía, sí, pero del 24 de junio ¡de 2008!, lo que me ha dejado catatónica, sobre todo porque, como sospechaba, era culpa mía. La gente de Opinión, como la del Perdonen de los domingos, me cuidan muy bien los textos. Si no se dieron cuenta es porque el tema es de esos estrafalarios míos, de fijarme mucho y de saber cosas raras. Bastaba con que la persona que estaba al cargo no lo hubiera leído en su momento para que le pareciera actual.

¿Qué hacer? Nada con el diario impreso. Pero inmediatamente dejé un mensaje en Eskup.com pidiendo ayuda para que me cambiaran la columna por la que les mandaría en cuanto me lo dijeran. Desde la nueva red social e informativa del periódico me ayudaron y al menos solventamos el equívoco digital. En seguida se pudo leer lo que escribí ¡ayer! (qué lejos queda, aunque no tanto como el 2008), en El País digital.

Y ahora es cuendo llego a las fabulosas oportunidades que el blog me ofrece, no ya para escribir, sino para editarme instantáneamente, para usar la vista previa o no, saltar directamente a la realidad blogosférica y, sabiendo que otros ojos quizá me estén juzgando, leerme yo misma para corregir sobre la marcha… y todo ello, ¡casi instantáneo!

De ahí paso a deciros que a veces prescindiría incluso del texto, iría directamente a difundir la idea como creyera que resultaría más útil. Me gustaría mezclar dibujos, músicas, texto, sorpresas… Estoy feliz de haber descubierto -mejor dicho, de estar empezando a descubrir- la gran oferta expresiva que el medio ofrece.

Y ahora no sé cómo ilustraros esto. Ah, sí. Ya puestos en plan retro, os dejo esto.

Por |2010-06-24T11:42:40+01:0024/06/2010|Categorías: blogosfera, periodismo|13 Comentarios