Su alteza, Tony Curtis

30 09 2010

De niña, debí de ver unas doscientas veces Su alteza, el ladrón (Rudolph Maté, 1951), estimable película de aventuras de los tiempos en que Oriente Medio era para Hollywood un arpa dorada de la que arrancaba tañidos procedentes de Las Mil y Una Noches. Era imposiblemente guapo. Cabello negro y ensortijado, cutis moreno, ojos grandes y azules. Y sobre todo, una arrolladora simpatía. Mi corazón infantil se entregó a fantasías: porque Tony era, por entonces, un entrañable ídolo de matinée, parecido a aquel Robert Wagner de El príncipe Valiente. En el barrio, en los programas dobles, acogíamos con regocijo sus apariciones.

Antes de hacer Los vikingos (Richard Fleischer, 1958), magnífico cómic para adultos (con Kirk Douglas y la que sería su mujer, la tetuda Janet Leigh, por entonces “novia de América”), coprotagonizó con Burt Lancaster -con quien ya había rodado la pintoresca Trapecio (Carol Reed, 1956)- un extraordinario film negro, rodado en blanco y negro, una crítica feroz del periodismo de cotilleos, situada en el Broadway de mitades de los 50, en los escenarios naturales y durísimos de la calle 42 esquina Broadway. La peli se llamaba Sweet Smell of Succes (1957) era del muy especial Alexander Mackendrick, que tan bien hurgó, en Viento en las velas, en los abismos de la infancia.

Era un actor formidable, brillante, guasón. Excelente haciendo de conquistador en irrepetibles comedias como Bésalas por mí (Stanley Donen, 1957), ¿Quién es esa chica? (George Sidney, 1960) o Boeing Boeing (John Rich, 1965), dio el do de pecho como actor dramático -y sumamente contenido- al incorporar a El estrangulador de Boston (Richard Fleisher, 1968). Ahí la crítica se le rindió, cuando tenía que haberlo hecho mucho antes. Ha pasado a la historia por una de las mejores comedias de la historia del cine, Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959), y como el sensible esclavo Antonino en Espartaco, el mejor peplum.

La carrera de Tony Curtis se desarrolló y alcanzó su máximo esplendor en sólo una docena de años. Cuando el cine dejó de ser grande -a mediados de los 70-, él también salió perdiendo. Salvo las ganas de vivir y de cachondearse. En su autobiografía cuenta lo bien que se lo pasó -de lo cual debemos alegrarnos-; que la escena del yate con Marylin Monroe sucedió de verdad -que él se empalmó, especifica-, y que su mujer, Janet Leigh (a quien Hitchcock convirtió en la ladrona fugitiva de Psicosis), era una verdadera arpía.

Ah, y no era hortera en los 50 y 60. Eso le ocurrió al hacerse mayor: como lo sería Jim Morrison si hubiera sobrevivido, de haber continuado vistiéndose igual. Se convirtió, desde luego, en un tipo bastante plasta que abrumaba a los periodistas con sus recuerdos, reales o inventados, y sus fardes. Pero quien esté libre de fabulaciones que tire la primera piedra.

Lo dicho, el Más Allá se está poniendo muy interesante.



Los antisistema

30 09 2010

Ha muerto Arthur Penn, cineasta algo sobrevalorado, con más aciertos parciales que totales, aunque sumamente interesante e inteligente. Le ocurría lo que a su sobrino Sean Penn le sucede actuando: cuando se pasa, se pasa siete pueblos. A ratos, el señor Arthur podía ser excesivamente enfático. Pero también podía ser muy poético, en el mejor sentido. Muchas de sus películas -entre ellas, grandes éxitos como La jauría humana y Pequeño gran hombre- contienen fragmentos, secuencias enteras, de gran altura. Y cuando se mostraba menos gradielocuente era cuando redondeaba. En mi opinión, lo consiguió en dos ocasiones.

Con La noche se mueve ofreció una tranquila, madura, pesimista y profunda encuesta acerca de la búsqueda de la verdad. Una muestra de cine negro en color que llegaba al alma, con Gene Hackman como protagonista (“Ver una película francesa es como ver cómo crece la hierba”, decía, más o menos, su personaje: una fase que muchos firmaríamos, hablando de cine francés en general, no en particular).

Su gran acierto fue Bonnie & Cyde, una lectura de la leyenda de la pareja atracadora de bancos que le sirvió para ponerse al lado de los antisistema de entonces: la película se estrenó en 1968, y Penn era un tipo profundamente comprometido en la política y en lo social, testigo nada impertérrito de las convulsiones que tenían lugar en su país a raíz de la intervención en Vietnam. Bonnie & Clyde reflejaba esas tensiones, encarnadas en un grupo de outsiders que intentaban, atraco mediante a los bancos de los pueblos de la América (EE. UU.) profunda, durante la depresión de los años 30, redistribuir la renta con mayor justicia. Es una película bellísima, que no pasa de moda, y es una película también de amor. Además, es una de las pocas en las que Faye Dunaway aparece con su verdadera cara, ¡y Warren Beatty hace de muchacho poco seguro sexualmente!



Informe parcial imparcial

29 09 2010

En la parte que he recorrido, Eixample barcelonés zona tiendas pijas, que es Fenicia de la muerte, hay bastantes tiendas cerradas, me temo -pero no más del 40 por ciento-, me temo que más que nada por prudencia. De las abiertas, un 10% de vergonzantes a media asta, de esas que creen lo que han dicho los diarios de que los piquetes son violentos. Yo he estado hablando con gente de uno de los informativos, casi todos eran jóvenes, buen rollo, pitidos y eslóganes, y cuando han entrado en alguna tienda abierta lo han hecho para convencer. “La mayoría de ellos  no paran porque perderían el trabajo”, me ha dicho uno. Iba haciendo fotos, hasta que me he dado cuenta de que me había dejado la tarjeta de memoria en el ordenador. Había una tienda de artículos fotográficos abiertos, pero hoy no consumo.



La huelga en la Generalitat

29 09 2010

En la sede del gobierno catalán -lo sé de muy buena tinta- advirtieron a sus funcionarios de que el sistema a lo James Bond, carísimo, que instalaron en plena crisis para identificarles por su huella dactilar, les delatará y que se les restará el día de huelga. Añadieron que, para evitar a los piquetes informativos, entraran por la puerta de atrás, que los mossos les protegerían.

Ahora mismo, grupos de sindicalistas vocean consignas a las puertas de Conti, en Diagonal con Tuset.



Alucino con Díez-Ferrán

29 09 2010

La única pregunta que yo esperaba de mi amado Carles Francino, en su entrevista de esta mañana al presidente de la patronal, Diez-Ferrán, era una que ni se planteó: “Está usted aquí por su cargo pero, ¿qué clase de autoridad moral tiene usted para hablar de huelga, de trabajo, ni siquiera de empresas?”. Obviamente, estoy refiriéndome a un deseo, y no de la asquerosa realidad. Dice que esta huelga demuestra que estamos desfasados respecto a Europa. Él no. Él cada vez se parece más a Berlusconi.

Sólo con escucharle da ganas de que se pare el mundo. Por cierto, este blog sigue abierto porque no se trata de un trabajo sino, como bien sabéis, de una piqueta informativa piquete por libre no remunerada. Me arreglo y me voy a dar un paseíto, a ver como está la cosa. Me llevaré el iPad para que sigamos en contacto.