A Zapatero, cuando venga lo que parece que viene, que, si viene, os aseguro que no vendrá con mi voto. Al presidente se le hace la cama desde los medios de derechas, era de esperar, desde los afines a los que negó favores, y desde comentaristas que, habiéndole apoyado, observan con dolor lo veleta que es en la aplicación de las durísimas medidas laborales que, sin duda, se ha visto obligado a aceptar, siguiendo los dictados del mundo económico y como consecuencia de la crisis griega. Pero, oh cielos turbulentos, ¿cómo puede decir que generará empleo esa medida que facilita el despido no sólo a las empresas que sufran pérdidas, sino a las que crean que las van a padecer? ¿Dónde están los evasores de impuestos? ¿Cómo es posible que nos compare con Alemania, con la forma en que se han estrechado allí los cinturones los trabajadores, cuando en la germánica tierra los recortes parten de sueldos y de conquistas de una media mucho más alta que la nuestra?  Si el PP gana, el averno no lo quiera, ya se encontrará con la tarea medio hecha, por mucho que ese ser incalificable llamado Mariano Rajoy brame hoy que quiere llevar al Constitucional la congelación de pensiones, eso sí que es populismo y fariseismo.

Lo que me duele es que el presidente crea con toda sinceridad que con estas medidas va a crear más empleo. Pero ojalá sea así, ojalá en los 18 meses que le quedan de legislatura la crisis se atenúe lo suficiente como para que le permita al votante valorar los logros que sin duda su Gobierno ha introducido.

De ahí a que los sindicatos pidan su dimisión… ¿Qué pretenden? ¿Recuperar los tiempos de «la pinza» entre la Izquierda Unida de Anguita y la derecha?