Agosto nunca fue mi mes de vacaciones. Hasta que entré en El País, ya talludita (38 años) no disfruté de vacaciones pagadas. Todo lo anterior había sido trabajar sin descanso y ganar lo que pudiera en esos días de asueto. Me ofrecía para lo que fuera. ¡Tenía tanta energía! Ahora que vuelvo a ir por libre (bueno, casi), y que existe eso tan valioso para conectarse siempre, agosto es mi mes de quedarme en una Barcelona vacía, y de aprovechar para escribir.

Así que queda inaugurado el mes de agosto de 2010 y quieran los hados y las brujas buenas otorgaros todos sus dones del estío.

Yo me he levantado a las seis y he empezado a escribir. Y ahora regreso rauda al otro ordenador y la otra habitación, mi dormitorio, donde tengo un toshiba sin conectar para evitar tentaciones.