Marga acierta cuando habla de que hay algo que le contiene cuando ve a Zapatero o a sus ministros, algo que está en su lenguaje corporal, dice. La traición de la representación física, que delata su carácter, diría yo. Cuando Aznar pronunció su discurso de investidura, fui a hacer una crónica en el Parlamento. Fue en la primera legislatura. Volví a la redacción y me dijeron: «No estuvo mal, ¿verdad? Es moderado». Respondí: «Tendríais que haberles visto. No es que hayan ganado. Es que han vuelto».

Yo, que con los años me he tenido que volver socialdemócrata sueca de izquierdas porque con el radicalismo no se llega a ninguna parte, no soporto de la socialdemocracia, sobre todo de la española, ese aire de buenos chicos, listillos, aplicados y, en cierto modo, chulescos, que tienen. Están investidos de su importancia, sobre todo desde que cayó el Muro. Sin embargo, que talla más cortita que dan, y cómo me gustaría que no fuera así. Cómo me gustaría que fueran humanos.