lugar de la memoria

Desde que me he despertado me he puesto a ordenar fotos antiguas, es decir, a pasar a  un sólo lápiz de potente memoria fotografías de mí, de mis amigos, de mi parentela, de mis viajes, de mis estancias… y de mis años. Las veía rápidamente, de carpeta en carpeta, copiándose de un sitio a otro, y ya anticipaba las horas que pasaré contemplándolas, no sólo porque al hacerlo me veo a mí -a mí como era: qué esperanzas sentía en ese momento, qué dolores me rondaban, qué me quedaba por vivir-, sino porque abro puertas que me reconducen a lugares en los que ya estuve, lugares que me poseyeron o que me rechazaron. Y personas que ya no están.

Desde el invento digital he fotografiado todo lo que llamaba mi atención o atraía mi repulsión o mis afectos, o despertaba mis risas. Antes era una auténtica analfabeta gráfica pero, desde que la cámara lo hace todo por mí y ya no tengo que ir a los laboratorios con la boleta para recoger las copias -siempre olvidaba hacerlo- mi Cannon forma parte de mí.

Os subo una muestra. Semillas puestas a secar en el nacimiento del río Adonis (que no sale porque estaba secorro), mirando al valle. Montañas de Líbano.