Poco antes de que el público que anoche asistió en Madrid al concierto de Joan Manuel Serrat recibiera como una siembra de luces las palabras de Miguel Hernández, que el noi ha fudido y difundido con su música, el presidente Zapatero pronunció otras -tibias, necias- en relación con el asunto Sarkozy, la deportación de europeos de etnia gitana de Francia y la contundente protesta de la comisaria Reding. ¿Este hombre piensa realmente que la armonía -jajajajaja- de los Veinte está por encima de todo? ¿Por encima de qué? Pues si los Veinte siguen aceptando dócilmente, como han venido haciéndolo, las salidas de un Berlusconi o un Sarkozy, no sólo en materia de inmigración o de libre circulación de personas, sino en muchas otras, ¿qué motivos tendremos para sentirnos orgullosos de o identificados con la Unión Europea? Imaginemos por un momento que un par de países más se aficionan al invento de expulsar a quienes consideran indeseables en su territorio, a pesar de ser europeos. ¿Quién disfrutaría de autoridad moral para impedírselo? Sólo la comisaria Reding, sobre la que ahora llueven tantas descalificaciones mientras el delito, el racismo expresado sin complejos del Gobierno de Sarkozy, y tolerado por sus colegas, queda impune.

No me cabe duda de que la forma de vida de una parte de los europeos gitanos nos crea problemas: de antagonismo, de incompatibilidad, por forma de ser, por costumbres. Se puede hacer peor o mejor, pero hay que intentar convivir. Y que no me digan que no les gustan los campamentos: si en el mismo París (y en Roma, y en Madrid) dejaron instalar su carpa con sus nenas uniformadas al impresentable de Gaddafi. ¿Qué ocurrirá cuando los franceses de origen magrebí o africano -procedentes de las antiguas colonias- vuelvan a incenciar los suburbios en donde se les confina? ¿Se les devolverá a Marruecos, a Argelia, a Senegal, con 300 francos en el bolsillo y una patada en el culo? Cuando Francia votó a Sarkozy, que había sido funesto ministro del Interior, se metió en la porquería hasta el cuello. Envuelta en Charla (no es una errata) Bruni, eso sí.

La libertad de nuestros semejantes es también la nuestra