Acabo de leer (con un día de retraso) que «el PSOE quiere sancionar a los parados que no hagan cursos desde el primer día». Está en El País. Esto me recuerda aquello tan ocurrente de cuando se abrieron las primeras oficinas del INEM, cuando la primera reconversión de Felipe González, a mediados de los 80, que se llevó a cabo sin haber previsto para este país otras industrias y empleos más acordes con la época.

Me la hice de arriba abajo: astilleros, minería, metalurgia. Familias enteras tomando tranquilizantes, mujeres atándose las trompas, hombres noqueados que bebían para olvidar tras perder el empleo de toda su vida, tras encontrarse sin el único oficio que sabía hacer.

Iban a la oficina del desempleo, o del empleo, y les daban un cuestionario para rellenar. Una de las preguntas era: «¿Qué idiomas sabe?». Otra: «¿A qué quiere dedicarse?».

Con las indemnizaciones, hubo bastantes que pusieron bares. Lo que pasa es que la clientela andaba floja.