Hay algo moralmente repugnante en  ese aplauso a Zapatero con que se prodigan los mismos que estuvieron a punto de llevarnos al cadalso hace pocos días, incluido Obama. Lo cual me obliga a pensar que, si bien es cierto que, al forzar la transparencia de las entidades bancarias, el presidente del Gobierno español estuvo acertado, existe algo profundamente lamentable en el mundo en el que nos vemos obligados a movernos como los muñecos de los titiriteros. Es un asco de mundo, un mundo inmoral e indeseable. ¿Qué hemos hecho para merecer esto? Quizá deberíamos preguntarnos qué no hemos hecho.

En otro orden de cosas -o quizá no- no me digáis que no resulta curiosa esta iniciativa cuyo anuncio aparece en El País.