Verle tal como está es lo peor. No sufre tratamiento agresivo, pero bastante agrede la observación. No quiero que le hagan biopsias de ningún tipo. Tiene trece años, por Dog. Me han hecho sacarle para ver si meaba y ha salido, cojeando y animoso, creyendo que le devolvía a nuestro hogar. Me he sentido muy mal al devolverle. «Es que no tenía ganas», me han dicho cuando les he informado de que ya no sabe levantar la pata y mear, aunque recuerda el buscar los olores. Si hay algo que me pone de mala leche son las buenas intenciones y las buenas palabras infundadas. De modo que he decidido darnos 24 horas más; es lo que dice el médico. Igual reacciona, no para curarse sino para disfrutar un poquico más de la vida. En todo caso he tomado una decisión. Le dormiremos en casa, en su mantita, rodeado de sus juguetes y cosas queridas, y de quienes le hemos amado y hemos recibido su cariño.

Gracias, sigo diciendo.