Me he enterado tarde. Claude Chabrol ha muerto longevo, a los 80, tras haber tenido una buena vida y haber dejado tras de sí unas cuantas obras maestras. Fue uno de los directores menos efectistas de la nouvelle vague y de después, e hizo algunas de las películas en las que Romy Schneider apareció más hermosa (con permiso de otro Claude, Sautet). Parece que su última película, con el gafe Gérard Depardieu, ha pasado directamente a DVD, sin estrenarse en salas. Pero gracias a él otro Gérard, éste exquisito, apellidado Blain, progresista y republicano, quedará marcado para siempre en la memoria como protagonista de Le beau Serge y Les cousins. Era, Chabrol, en cine, algo parecido a Georges Simenon. Cuando estaba fino, su bisturí era terrible.

Los tres están por allá arriba, en el cielo de los narradores de historias, persiguiendo restaurantes y teniendo buenas conversas.