Si los deportes competitivos, el afán de marcas, sólo pueden llevarse a cabo mediante dopajes, y si a los espectadores les hacen disfrutar los resultados, ¿qué más da que los deportistas se destrocen la salud y se mueran antes de tiempo? En el circo romano no se andaban con tantos miramientos.

Morrison y Joplin, ¿eran la consecuencia de lo que se metían? ¿Por qué les mitificamos a ellos y no a los que biciclean montaña arriba?

Por hipocresía. Por haber convertido las competiciones deportivas en una lección moral. Y hélos ahí ahora, pillados en su propia trampa, tras haberse colocado como ejemplo y modelo para las jóvenes generaciones.