Se llama Telebestiario:

El hecho de si

la información iguala o no

al conocimiento

es una cuestión que está,

sin duda (o debería)

en candelero, aunque como tantos

otros temas de candente actualidad

me aburra

soberanamente.

Pero de una cosa, sin embargo,

estoy seguro: el orgullo

de saberme hijo

de la única civilización

que ha tenido nunca el privilegio

de presenciar su apocalipsis en directo.