Porqués

2 11 2010

Para empezar, no me gusta todo lo musulmán. El hecho de que me guste parte de lo musulmán hace que lamente que quien desprecia todo lo musulmán se pierda lo mejor de lo musulmán: que es su pasado, precisamente. Esa es su gran tragedia, de los musulmanes. El no tener futuro, el haber perdido todas las oportunidades. Pero, ¿qué musulmanes? ¿los árabes, los indonesios? Otra receta contra la ceguera podría consistir en: conocer a los musulmanes de uno en uno. ¿Despreciamos lo musulmán o lo árabe? ¿A cuántos millones de seres humanos, de habitantes del planeta, hay que incluir en la lista de fanáticos que detestamos? ¿Y en qué nos convertimos nosotros?

La Alhambra la construimos nosotros. Cuando fuimos musulmanes: ocho siglos. Quizá ese pasado fortalece el rechazo de los cristianos viejos como Aznar.


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12 respuestas a “Porqués”

2 11 2010
ignacio (11:54:15) :

Que te parece rechazar lo musulmán,
a la vez que lo cristiano.
Que te parece llamar enajenación
a la fe de una nación.

Que te parece quedarte con lo racional,
con la belleza de tener capacidad… para pensar,
en lugar de resaltar las vigas del ojo contrario.

Podríamos así criticar a B-16 y al gran profeta de los salmos y quedarnos tan anchos y largos !

2 11 2010
ignacio (12:03:24) :

La Alambra (sin h intencionadamente) me parece una elegía anunciada, así como las pirámides, “el” Versalles o la Sagrada Familia. Su belleza ensalza la estupidez de su pretensión.

Me encanta ver la catedral de San Patricio en la quinta avenida de Nueva York. Levanta dos palmos (el entresuelo y el hall) si miramos al de al lado: un vulgar rascacielos de oficinas… sin valor.

2 11 2010
ignacio (12:11:34) :

Quien devolviera las piedras…
a su estado anterior,
y en su lugar pusiera buenas idéas.

2 11 2010
Nacho (13:02:26) :

Por cierto, he dicho que me pareces sexy en algunos sitios. Y no me parecía correcto eso de sacar parecidos porque jode. De hecho, me jode a mí. Pero sexy es Sigourney Weaver. Creo que afino en mis definiciones. Bueno, tú eres única. Y escribes muy bien, que para eso estamos aquí.

2 11 2010
Incrédula (14:04:48) :

Buenos días, Maruja.
Menudo acicate para hoy: reflexionar sobre los juicios que hacemos sobre los musulmanes, generalizando.
Me resulta harto difícil tomar el hilo de la madeja. En las cuestiones de religión, he de reconocer que me pueden un poco las vísceras. El motivo: mi opinión sobre todas y cada una de ellas como elección que hace el hombre cobarde que no se atreve a enfrentarse a las grandes preguntas de todas las épocas y, como consecuencia permite el secuestro de su pensamiento libre, dejándolo a merced de un pensamiento colectivo, que no por ser mayoritario estará cargado de razón, sino de política, que es a lo que se dedican las religiones, una vez los espabilados de cada época se percataron del sinfín de oportunidades que podían brindarles esas masas que los mensajeros de la bondad y del bien común atraían. Que no se ha inventado hoy la manipulación de la opinión pública, ni mucho menos.
Aquí -como todavía hoy en los países no laicos , de religión musulmana-, hubo un tiempo en que Estado y Religión no estaban separados y la ley religiosa se aplicaba como ley civil.
Eso que nos parece tan extraño -al menos a mí me lo parece-, permitir que la vida civil esté regida no ya por unas leyes religiosas, sino por la interpretación que determinadas personas hacen de ellas, me saca de quicio. Es el colmo de las tiranías. Más cuando se tiene a la población mantenida en altos niveles de analfabetismo; o cuando te enteras que la única lectura que ha hecho, y que piensa hacer, es la de su libro sagrado, porque “allí está todo”, me decía un paqui convencido de que esa era su libre elección. Pero yo tenía que explicarle constantemente el significado de muchos símbolos occidentales que a mí por propios me pasan desapercibidos, pero que a él le resultaban esotéricos, cuando no, amenazantes.
Un desconocimiento abismal de las culturas entre sí.
Tú incluso te ves en la necesidad de aclarar la diferencia entre musulmán e islámico.
Los estados receptores de emigración han cometido un grave error que ahora empiezan a reparar. Desde el principio, la formación en nuestros valores sociales, lengua, sistema legal, al menos tenía que haber sido prioritaria, gratuita y obligatoria. Además, sabíamos que venían muchísimos analfabetos. Hemos sido unos sinvergüenzas con ellos. He hablado con muchas de esas personas, y cada una de ellas arrastra consigo por lo menos una experiencia terrible con algún desaprensivo de nuestro país. Los negros -musulmanes también- se llevan la palma en oprobios. Siento asco de las cosas que somos capaces de hacer contra los más débiles.
Un recuerdo a Carlos Castilla del Pino, mi admirado psiquiatra que sanó a tantos emigrantes a su regreso a España, víctimas de procesos mentales terribles a causa de las dificultades a las que tuvieron que enfrentarse lejos de su patria, de la que tuvieron que huir a causa del hambre. Exactamente igual, pero a la inversa, vienen emigrantes a buscar aquí su pan. ¿Qué pensamos? ¿Que no están sufriendo esos mismos procesos? La pertenencia a ese grupo religioso, solidario, los libra de una locura certera, a la que nuestros odios y perversiones, más su ignorancia de nuestra cultura los conduciría a la fuerza. Pero, insisto, si a nosotros, occidentales, nos trataran como los estamos tratando a ellos, desde luego no mostraríamos la fortaleza que ellos muestran. En su lugar, ya estaríamos recluidos en centros psiquiátricos.
El mismo Castilla del Pino dijo que nunca había conocido a nadie enamorado con deseos de hacer daño.
¡Enamorémonos todos, por dios! Hay tanta belleza de la que enamorarse…

2 11 2010
Natàlia Tàrraco (17:12:20) :

Ostras Maruja, !que son ocho siglos! ni el castellano más recio y ciego puede negarlo (se empecina más que el idem) llevamos nombres, sangre, maneras, cante jondo y andares musulmanes. !Que suerte tenemos!
A proposito de la belleza, me he dado con los dientes en un canto al poner una entrada sobre ese complicado tema, no me arrepiento.
Ayyy, no rechazo naaa, ni el jabugo que detestan los musulmanes, ni la tajiné que adoran, ni la crema catalana que me embafa i no m’agrada.
Pero en la variedad, el placer y el gozar.
Ahora que lo dices, no me gusta todo lo occidental, que va. Tenemos suficientes fanatismos para igualar al Islam y crecen, creeeecen.

Petons a doju, boniques fotos del llac, quina enveja.

2 11 2010
ignacio (17:15:02) :

Incrédula,
creo que te entiendo bastante bien.

2 11 2010
electra (21:31:09) :

“Los árabes han perdido el siglo XX” Expertos arabistas dicen esto confirmando tu tesis, de un colonialismo a otro, sentados sobre mares de petróleo y vuelta al punto de partida. El futuro negro. Muy de acuerdo. En lo cultural y lo vital nos podemos enriquecer tanto… Será por los 8 siglos que es tan fácil identificarse con las gentes, jamón aparte.
Que os sea leve la visita de Susan, huyendo de idem desesperadamente os imagino, yo me recluiría, que hay muchas fotos y mucho que leer…¡que llueva, que llueva…!

2 11 2010
electra (21:36:40) :

Respecto a la separación iglesia estado, no estamos para tirar cohetes, ni dar lecciones, ni mirar por encima del hombro a otros, que aún han de hacer los primeros pasos, pero al sarao vaticanista de los próximos días me remito y es sólo un ejemplo.

3 11 2010
Incrédula (01:59:24) :

Ignacio,
gracias por leerme. Agradezco el feedback.

electra,
te digo lo mismo que a Ignacio. Con respecto a ese tema, llevo siguiendo los artículos y noticias que han aparecido en la prensa sobre el comportamiento y las manifestaciones de la curia vaticana. Sobre ese tema escribí un artículo farragoso, lo reconozco. Que me perdone Maruja y todos vosotros por la libertad que me tomo de copiarlo aquí:

LA VISITA DEL PAPA: ¿RELATIVISMO O LIBERALISMO?

De diferentes noticias y artículos de opinión aparecidos en estos últimos días en distintos medios de comunicación sobre la visita del Papa a Londres, sus ya próximas visitas a Santiago de Compostela y a Barcelona en noviembre y la ya proyectada a Madrid para el año 2011 -unos meses antes de las Elecciones-, me permito sacar las siguientes conclusiones. Espero no aburrir y aportar algo de luz, aunque tendrán que colaborar buscando algunas fuentes y más datos interesantes, sobre los cuales les facilito todo lo indispensable a fin de que Vds. estén mejor informados.

La primera y más notoria es, por una parte, la sensación que he tenido de la existencia de una tácita “omertá”, ley de silencio, que impide expresar de forma abierta los aspectos negativos del comportamiento de la sociedad religiosa cristiana vaticana. Se dejan caer datos, manifestaciones, actitudes, todo ello aisladamente, que convenientemente unidos conforman una visión más o menos acertada de la dimensión real de la figura del Papa Benedicto XVI y de su entorno; por otra, la aquiescencia de los poderes políticos de nuestro Estado laico que, o no disponen de sentido crítico para apreciar qué ocurre, o es que en realidad soy yo la ciega y no me doy cuenta del poder de la Iglesia que los tiene atenazados como en los viejos tiempos; también percibo en la sociedad un desinterés general por los movimientos estratégicos que la Iglesia está llevando a cabo. Esta afirmación se desprende de la lectura de la prensa a la que me refiero a lo largo de mi artículo.

Sabemos que el Papa hablará de “fe y cultura” en Barcelona y de “las raíces cristianas de Europa” en Santiago. Tanto el desarrollo de un tema como el del otro merece que presten Vds. su máxima atención, cuando Benedicto XVI los exponga públicamente, olvidando la parafernalia que lo suele acompañar, porque sin duda recordarán el contenido de este artículo y de los que lo han motivado, cuya lectura, insisto, es imprescindible.

Escribe un lector en EL PAÍS de hoy, 26 de septiembre, una inquietante carta al director titulada “29-S y colegios católicos”, de la cual se puede extraer una parte de la verdad que tanto persigue el Papa y que, mucho me temo, no es un caso aislado.También la sección de religión de LA VANGUARDIA de hoy, 26 de septiembre, se hace amplio eco de algunas opiniones sobre el discurso del Papa en Westminster Hall.

Para esgrimir sus argumentos, Ratzinger alude a la figura de Thomas More y al proceso que acabó con su decapitación para iniciar el soliloquio con estas preguntas retóricas: “¿qué exigencias pueden imponer los gobiernos a los ciudadanos de manera razonable? ¿qué alcance pueden tener? ¿en nombre de qué autoridad pueden resolverse los dilemas morales?” Concluye con una falacia de apariencia reveladora: “si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil”. Con apariencia de silogismo irrefutable, esta persona de tan amplísima cultura intenta hacernos comulgar con ruedas de molino en forma de premisas falsas, porque los principios éticos que sostienen el proceso democrático se rigen por algo más sólido que el mero consenso social, esto es el sentido de la justicia social, la creencia en la igualdad de todos los seres humanos, la libertad, el respeto, la tolerancia, el imperio de la ley sobre todos los individuos -incluidos los religiosos-, principios éticos y morales que no son exclusivos de la fe cristiana como pretende el Papa hacernos creer para justificar la manipulación de quienes le escuchan embobados sin el menor sentido crítico. El resto de su discurso queda, para mí al menos, invalidado.

Dos términos usados por él: “extremismo ateo y secularismo radical” como ejemplos de males que ponen en peligro la moralidad de la sociedad actual, me traen siempre a la memoria los numerosos programas -Redes, en la 2 los domingos a las 21 horas- dirigidos por Eduardo Punset quien, siempre en pro de una sociedad mejor en el más noble de los sentidos, nos informa de los incontables avances en ciencias distintas en beneficio de la humanidad. Por no extenderme en una lista que se haría inacabable de aportaciones científicas de todo rango que, en los últimos años, se han aproximado a nosotros y están contribuyendo notablemente a que seamos seres humanos más conscientes de nuestra responsabilidad ecológica y social.

Volviendo a Thomas More, a quien toma el Papa como ejemplo, sin mencionar, claro está, “Utopía”, inspiradora de La Ilustración y de las grandes revoluciones. Fue More un gran humanista dentro del Renacimiento -regreso al pensamiento de los clásicos- que pudo adquirir su magnífica educación y cultura en el seno de la Iglesia, pues otro espacio no había a finales del siglo XV y principios del XVI. No mencionar la fe religiosa en cada uno de sus escritos, independientemente de sus opiniones personales, le hubiera acarreado un serio proceso con la Inquisición. Al final de su vida, prisionero, enfrentado solo a Enrique VIII, quien ya tenía junto a sí a todo el clero y nobleza británicos en contra del Papa, More que fue siempre un hombre consecuente con sus propias ideas, antepuso la fe religiosa -como principios a los cuales hay que permanecer fiel hasta el fin- a su lealtad al rey que nunca traicionó. Las protestas de Erasmo de Rotterdam no le sirvieron para que el Vaticano le salvara de la decapitación que ordenó el rey en 1535. De hecho no fue canonizado hasta 1935, cuatro siglos después por Pio XI. Es el patrón de políticos y gobernantes, por si no saben a quién tienen que encomendarse cuando las circunstancias se presentan adversas.

De este y otros grandes humanistas hay que extraer la necesidad de una educación de calidad que permita una sociedad de individuos con sentido crítico, capaz de erradicar de una vez estos vicios que nos caracterizan: no leemos, no escuchamos, juzgamos con ligereza sin la menor empatía, no hacemos uso ya de los silogismos para razonar correctamente y, sobre todo no nos tomamos el tiempo y el espacio adecuados para la tan necesaria reflexión de nuestras opiniones. Tampoco establecemos jerarquías sobre qué es verdaderamente prioritario. Nos puede la envidia, la soberbia, el consumismo innecesario. Presumimos de las cosas que tenemos sin dar importancia a quienes somos. Vivimos amargados sin llegar a conocer la felicidad que produce satisfacer al que necesita algo que nos sobra, ya sea tiempo, cariño, conocimientos o materiales. Por eso es tan importante que los niños tengan una educación laica de calidad, de mucha calidad. No solo en lo que al aspecto intelectual se refiere, sino también al emocional, sobre el cual existen muchas experiencias en marcha basadas en la publicación de “Inteligencia Emocional” de Daniel Goleman, y posteriores. No se puede dejar la educación en manos de ningún manipulador, sea del signo que sea. Queremos que nuestros hijos aprendan a pensar por sí mismos, a ser responsables de sus actos, por mor de una futura sociedad rica en valores morales y plenamente democrática. De los presupuestos del Estado, la partida más mimada debería ser siempre la de Educación, Ciencia y Cultura. La ausencia o miseria de las cuales es siempre la causa de la gran mayoría de los males de todas las sociedades. Piénsenlo, si no. Y, en mi humilde opinión, uno de los objetivos del Ministerio de Educación, quizás de otros muchos también, debería ser el de promover un Reglamento Jurídico basado en los tres principios básicos de los medios de comunicación de masas: informar, entretener y educar. No se sabe, por lo menos hasta ahora, que exista un cuarto principio y que este sea el de alienar, que es lo que estrictamente sucede con algunos programas de televisión. Esa alienación incide de forma directa en la conciencia de los telespectadores, de manera que cada vez más existe la creencia de que todo está permitido y que lo soez, las vejaciones, el machismo, el griterío, la descalificación personal, el mal comportamiento democrático, en definitiva, son el modelo a seguir. No nos ha de sorprender que luego se plasme en las acciones, a veces delictivas, de elementos que aparecen, cada vez con mayor frecuencia, en la prensa diaria y que se muestran sorprendidos porque, al no ser famosos, no se vitorean sus comportamientos.

Se preguntarán qué tiene que ver todo esto con la visita del Papa. Tiene que ver con el relativismo, un término que gusta el Papa de usar para hacer referencia a que la sociedad de hoy en día permite o tolera muchas cuestiones de dudosa moralidad, entre ellas me he permitido señalar las que yo creo que, a voz de pronto, son más perentorias. Sin duda hay muchas más. Y ese término saldrá a continuación en la parte final de este escrito que ya hice anteriormente al de hoy, donde no tenía muy claro el relativismo al que el Papa aludía, pero sí, en cambio, era capaz de ver su relativismo.

La precipitación por santificar la Sagrada Familia, uniendo de este modo el nombre de Gaudí al de Benedicto XVI, el Papa más ultraconservador de los últimos tiempos, no parece más que una excusa de este para enviar un mensaje a la sociedad sobre el relativismo que, según dice impera en los estamentos políticos y en la ciudadanía -en su visita a Londres aludió al término “dictadura del relativismo”-, que justificaría la intervención de la Iglesia en los asuntos de estado en pos de la Verdad.

Para empezar, la Verdad, según un antiguo cuento, estaba colgando del cielo en forma de un espejo inmenso. Un día se desplomó sobre la Tierra, se hizo añicos y cada hombre y mujer recogió un cachito. Desde entonces cada persona tiene su propia Verdad. La Democracia surte de tolerancia a sus ciudadanos para respetar la propia y la ajena. Las tiranías, en cambio, todavía creen que no hay más Verdad que la que cada una de ellas profesa.

Relativismo es un término que ya utiliza Tony Blair en su libro de memorias -ver artículo de Josep María Ruiz Simón “Un verdadero milagro” que LA VANGUARDIA publica el 21 de septiembre- donde “subraya que tanto para él como para el Papa el enemigo es hoy, como ayer para Newman, el relativismo”. Pero John Henry Newman (1801-1890) cardenal, tránsfuga de la iglesia anglicana a la católica romana, como el propio Blair, no arremetía contra el relativismo sino contra el “liberalismo”; a saber, sistema político-religioso que proclama la absoluta independencia del Estado, en sus organizaciones y funciones, de todas las religiones positivas (diccionario de la RAE). El recientemente beatificado cardenal fue un auténtico carcunda en lo que a la renovación de la Iglesia se refiere; intolerante y en absoluta sintonía con el proceder de la Iglesia Vaticana actual, con Ratzinger, el Papa Benedicto XVI a la cabeza, y cuyo representante en España es el presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Rouco Varela, quien no está dejando aquí casi ningún obispado con prelados inspirados por la actualización de la Iglesia en el muy positivo intento de acercarse a la realidad social que se logró en el Concilio Vaticano II.

Recomiendo la lectura de las entrevistas a José Arregui, párroco franciscano, publicadas el 2 y el 6 de septiembre en EL PAÍS, y muy especialmente el artículo de Juan José Tamayo, “Conciencia crítica de la Iglesia y de la sociedad”, de fecha 17 de setiembre, también en EL PAÍS; así como la de cualquier artículo en este sentido o en el opuesto, que de las confrontaciones intelectuales se extraen conclusiones acertadas.

Ni qué decir, que el relativismo sí existe; forma parte de la sociedad y de sus representantes legalmente legitimados, cuando estos toleran a los manipuladores -venga de donde venga esta manipulación-, y aun sabiéndolo callan. La madurez de una democracia se mide por sus miembros, quienes,debidamente informados, son capaces de juzgar por sí mismos, libres de “Führers” de nueva cuña que, disfrazados de corderos, son auténticos lobos, y que además, esos ciudadanos son capaces de exigir sus derechos y cumplir con sus obligaciones.

Que las arcas de un Estado laico corran con los gastos de la visita del representante de una Iglesia que pretende volver a los tiempos en que esta no estaba sometida a los poderes temporales, que utiliza públicamente expresiones como “extremismo ateo” o “secularismo radical”, al cual hay que combatir -y esas referencias atañen a gran parte de quienes pagaremos su estancia en España-, me parece más que suficiente para considerarlo un enemigo de la democracia. Y el gesto dadivoso del anfitrión es comparable a abrir el gallinero para que entre el zorro y ponerle unas miguillas de pollo, además, para que le conduzcan a él.

Los gastos de la visita papal deben correr por cuenta del Vaticano, su Estado, sus bancos -ver EL PAÍS, 25 de septiembre, Opinión, El Acento, “Milagro en el Vaticano”, por donde sucintamente nos enteramos de otro posible trapicheo de la Banca Vaticana-; y si no dispone de medios suficientes, cosa que dudo, que corran con ellos sus fieles seguidores, como se acostumbra a hacer en otras religiones. Sin olvidar el precedente que se sentaría como justificación del pago de las futuras visitas del Lama budista, del representante oficial del Islam, de su homólogo hinduista, o de la misma reina Isabel de Inglaterra en calidad de Papisa de la Iglesia anglicana. O ¿por qué no? de cualquiera de los representantes de la ciencia y de la razón que, al menos a mí, me suscitan mayor interés por las aportaciones al desarrollo de la humanidad que con sus descubrimientos y sabiduría nos ofrecen.

Atentos, porque con la excusa del relativismo ya está en la calle, fuera del púlpito, en boca de los más inesperados especialistas en cuestiones que pueden estar, o no, remotamente alejadas de los asuntos divinos y en los más inopinados espacios públicos y privados, el proselitismo de que solo la fe religiosa cristiana enarbola el estandarte de la Verdad, la única, a la hora de votar, de decidir quién nos debe gobernar: el conservadurismo oscurantista español que bien poco se parece al movimiento neocon europeo, por rancio que sea.

Nota aclaratoria: el liberalismo o movimiento neocon en auge hoy no
es lo mismo que el liberalismo -o relativismo, según se mire- que combate el Papa, Blair y el que combatía Newman.

3 11 2010
ignacio (11:56:56) :

A incrédula:

no sabes como comparto tus tesis… gracias por tu artículo, creo que no tiene desperdicio.

Creo que hay una gran confusión en el tema de “las raíces cristianas de Europa”, frente a esta visión (romana) hay otra mas amplia y son “las raíces griegas de Occidente”, creo que este es el “caballo de batalla”. Si consideramos a Europa como el “escenario”, entonces accedemos al silogismo: Europa – Roma – Emperador – súbditos – Cristiandad – Papa. Pero, por el contrario, si ponemos el escenario en Occidente, entonces se accede a un silogismo muy distinto: Occidente – Grecia – democracia – ciudadanos – paganismo (o dioses griegos mas basados en las distintas cotidianidades de los humanos: la guerra, las tormentas y el tiempo, la sabiduría, o el vino).

Esta es la retórica: Europa u Occidente… y según escojamos llegaremos a muy distintos lugares.

Desde el punto de vista actual, creo que “sigues” bien los movimientos de B-16 y conoces su discurso. Tu párrafo al respecto del discurso en Westminster Hall es impagable… desde luego va a la yugular: “… consenso social… evidentemente frágil…” carga sobre la democracia, pues ansía la vuelta al Imperio, al amparo de su emperador: malditos griegos !!

Suscribo tui ideas sobre la ciencia, que nos abre la razón y nos devuelve a Grecia (explosión del cámbrico en lo referente a la razón y a la ciencia)

Suscribo tu postura de mimar la partida de educación – ciencia – cultura como lo “sagrado” de un sistema democrático y como salvaguardia de éste.

Tienes blog ? escribes en alguna cabecera ?

Saludos

4 11 2010
Incrédula (01:07:25) :

De nuevo, gracias Ignacio por leerme. Ni tengo blog, ni escribo en otro espacio público que no sea el de Maruja, este. Y no lo haría si no estuvieran corriendo los tiempos que corren. Mi placer está en la lectura de libros -no de la prensa- a los que he tenido que abandonar por falta de tiempo, hasta que “la paz” regrese y me permita de nuevo gozar “en paz” de la lectura.

No es que siga al papa, solo es que tengo cierta intuición periodística para detectar confabulaciones en contra de los siempresusceptiblesdesercadavezmásymásjodidos. Un saludo.