Se vuelve poco a poco

26 05 2010

Hace mes y pico que regresé a Barcelona, después de casi vivir por completo casi cuatro años en Beirut. Y todavía no he vuelto. No porque no me encajen las piezas. Van situándose. No porque no me guste la ciudad que he encontrado. Por el contrario, la encuentro bastante tranquila, quizá un poco mustia por la crisis, pero sin perder ese señorío que parece ir recobrando desde que toma conciencia de que ya no es la capital del diseño, ni de la arquitectura inteligente… Ciudad del seny y de la rauxa, como siempre fue, de la sensatez y del arrebato, eso es lo que mi corazón fronterizo espera encontrar. Ciudad que me devuelva los amores que despertaron en mí ciertos rincones, ciertas esquinas. Tampoco estoy tardando en regresar porque me quedé allí. No, de Beirut ya me había ido mucho antes de que mi cuerpo lo abandonara. Terminada la etapa, agotados los sentimientos que la entablillaron, era el momento de partir. Y eso siempre he sabido reconocerlo. No me voy en seco -tampoco-, remoloneo, quizá dando una segunda oportunidad a la época y a las emociones, para que revivan, aún a sabiendas de que no podrá ocurrir.  Pero nobleza obliga.

Recupero mi ciudad natal, embebida de amor por ella, a pedacitos. Los dos encuentros con Grupo Salvaje (ya es hora de concederles las mayúsculas), en La Valentina, plaza de Regomir. Tomando cubatas y hablando y hablando y hablando y volviendo a hablar, flahes de mis catorce años en el mismo vecindario, de las noches en que acompañaba a mi amiga Amparo Miera, desamparadas aprendizas de oficinas las dos, y nos quedábamos en el portal hasta las tantas, hablando y hablando y hablando y volviendo a hablar. ¿Existe Dios, existe el amor, existe la salvación para quien ha nacido en la pobreza? ¿Tenemos rostro, somos alguien, en la ciudad del color gris, de los policías grises y del gris porvenir? Preguntas que nos hacíamos. Hoy conocemos algunas respuestas. Nuestra única certeza de entonces, mi gran certeza de ahora: existe la literatura. Los amigos, las ciudades. Y existen aquellos a quienes amamos, aunque ya no estén.

Chocolate con churros

Suizo con churros de la calle Petritxol

Allí, en La Valentina, rodeada de gente que no he conocido antes, gente que la Red me ha dado, le pedí al Txema que me enseñe el barrio del Pi, qué él conoce bien, la charcutería a la que me llevaba mi padre cuando estaba de buenas, el cristo de la iglesia ante el que me hacía arrodillarme mi madre, los jueves santos, todo él cubierto por un paño de terciopelo morado; la cuchillería de la esquina, las chocolaterías de la calle Petritxol. A la que soy ahora, ¿le sabrá igual un suizo con churros? Posiblemente no. Posiblemente me sabrá a más.

Porque se vuelve poco a poco y se ama mucho a mucho. Y lo vivido se acumula, es la nata que flota encima del chocolate. Barcelona, mi esposa, regresé y te sigo queriendo.


Acciones

Informacion

10 respuestas a “Se vuelve poco a poco”

26 05 2010
Ángeles (14:28:43) :

Grupo Salvaje. Mola!!!! La belleza auténtica es poder compartir la vida con gente que aunque aparezca de pronto, te envuelve con sus brazos abiertos y te recuerda que vivir es nuestra única y verdadera obligación. Vivir y disfrutar y compartir lo que se tiene.
A Barcelona, en determinados barrios y limpios efectivamente de tonteria y frivolidad, hay que amarla intensamente. Por que nos quita lo que nos da pero nos lo devuelve con creces, para sorpresa nuestra.
Yo he descubierto (tarde, mal y perdiéndome mil veces) que adentrándose en la Plaza de Sant Jaume, hay un montón de vida en vena y un montón de maravillosos brazos abiertos.

26 05 2010
Mónica (16:15:09) :

Cuanta curiosidad te queda y cuantas cosas por ver, teniendo en cuenta la mirada tan limpia que tienes.

26 05 2010
Txema Anguera (17:01:26) :

…y que me hagan a mi llorar, estas cosas tuyas ?
tiene naricitas la cosa !!!!

26 05 2010
Beatriz (17:27:37) :

a mi me gustan tus recuerdo de hablar y hablar y hablar y hablar… creo que con el paso de los años es de las cosas que más se recuerdan, las largas conversaciones con los amigos en los sitios de siempre. Me alegro de que sigas queriendo a Barcelona.

26 05 2010
Magda (17:53:20) :

en casos com el teu ( molt pocs, massa pocs) no marxeu mai d´enlloc. Com no marxa el Terenci ni la Amparo ni La Valentina si la tanque aquell home que tanta pasta té i va de “coleguisme ” d´esquerres. Ai, Maruix, un día anirem a comprar bromes a la botiga de bromes ( no em surt el nom) i no se perquè, però buueno…

26 05 2010
cristina benitez (18:23:46) :

“El porvenir”…, la de veces que se repetia esa palabreja , la mama, la madrina, todas, no se cansaban de repetir, “Mira por tu porvenir, Cristi”
“Gris, si como los grises, tristes, humedos y temibles…

Que relajado y sereno es leerte.
Gracias Maruja

27 05 2010
Concha Torres (16:11:37) :

Hola! levo años buscándome una buena excusa para no sólo leer(te)la (táchese lo que no proceda) sino también escribir(te)la… Yo también me llamo Torres, pero Concha, yo también dejé mi ciudad y di mil vueltas por Europa antes de aposentar mis reales en Bruselas, todo lo he hecho en mi vida a golpe de viaje: enamorarme, desenamorarme, estudiar, vivir, tener hijos (dos que adopté en Colombia) y ahora trabajar en Bruselas rodeada de gente que está aquí siempre de paso. Soy de Salamanca, y tengo una nostalgia desenfrenada en los últimos tiempos por volver a mi ciudad…Estupendo texto el de Barcelona, si yo no fuera Concha, sino Maruja (Torres) lo firmaría YA!!!!!!

28 05 2010
fab (23:16:55) :

acabo de leer esto. Me siento tocada por un rastro de tu historia “mijita”. De verdad, es de intentar reconocer partes de tu historia, como un trencadis…. como las partes que te faltan a ti, a mi, a la mayoría.

t’estimo. no por lo que has escrito. Sino por lo que me das.

6 06 2010
mertxe (20:58:59) :

Bienvenida a Barcelona! Me alegro que estés aquí y ya tengo tu Blog en mi reader! Que buena la cercanía que produce este espacio en el que tenemos la suerte de podernos mover y encontrarnos…

8 06 2010
anboro (08:07:21) :

He vivido diez años en Italia, y llevo tres en Noruega. Vuelvo a Barcelona una o dos veces por año, a veces me cuesta reconocerla. Si me paseo por el Gótico o el Raval, recuerdo los paseos con mi padre, descubriendo recovecos, y me invade una gran nostalgia (“nostalgia canalla”, dicen los italianos) porque sé que no volverán a repetirse. Ese “suizo” me ha hecho llorar de emoción, aunque al mío lo acompañaba un croissant… Bienvenida a casa!