Escribí el siguiente texto, con el título que antecede, a modo de prueba. Y lo guardé en ‘borrador’. Pero creo que tenéis derecho a leerlo:

«Me dispongo a empezar este blog y estoy muerta de miedo. Yo me inicié en el periodismo cuando existían los tipos de letras de plomo. Ahora hablamos de ‘blogesfera’, y me tiemblan las manos de excitación y de entusiasmo. Me gusta leer blogs. No leo lo que yo llamo ‘blogs de chivatos’, que suelen escribir periodistas resentidos para fastidiar a aquellos a quienes odian o envidian, o ambas cosas a la vez. Me gustan los blogs de la gente. Y como soy gente, me gustaría que me dejárais entrar. Llegaré tantas veces como pueda, llamaré a vuestra puerta cuando sienta deseos de compartir. Cosa que me ocurre muy a menudo. Cuando me sienta indignada, cosa que también. Impotente, ni os cuento. Eufórica, de vez en cuando, gracias a la vida. Agradecida, por cierto, la mayor parte del tiempo.

Ésta es mi declaración de intenciones. Por razones técnicas, no responderé a los comentarios. Aquí la libre expresión sólo tiene estos límites: los de la buena educación.

Dejadme que os diga que hoy me siento como si volviera a empezar. Es extraordinario».