Una cosa que aprendí en Beirut

4 06 2010

Anoche, mientras me preparaba la cena, con la ventana de la cocina abierta, comprendí que ya no podía volver a oir con indiferencia los sonidos del pequeño patio de luces.

Un sonido que siempre estuvo aquí, mejor dicho, un pequeño alboroto al que nunca presté atención, me atrajo esta vez como un imán de ternura.

Eran los niños de mi escalera, que a esa hora reciben su baño. Les escuché reir, excitados, mientras el agua llenaba la bañera, chapotear luego. Discutían por el jabón, entre risas. Uno gritaba: “¡Yaya! ¡Yaya!”.

Yo a escuchar esto lo aprendí en Beirut, en donde se me abrieron ojos y orejas para las emociones pequeñas, ingrávidas, momentáneas.

Las noches son más buenas noches cuando una sabe que cerca hay niños recién limpios, que huelen a jabón y a ingenua colonia, leyendo un cuento en su cama. Y el mundo parece mejor, aunque no sea cierto.


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8 respuestas a “Una cosa que aprendí en Beirut”

4 06 2010
Leer está de moda (08:59:45) :

Mi hija, me preguntó un día al ir a ducharla: “mamá, Dios es azul o rosa?”. En una familia agnóstica, dio para mucho, el tema.
Desde entonces he pensado siempre en el momento del baño como aquél en el que Dios, si lo hubiera o hubiese, se manifiestaría no en forma de zarza ardiendo -que siempre da muy mal rollo- sino en forma de pompas de jabón. El mundo, estoy convencida, es entonces mucho mejor.

4 06 2010
Ángeles Pérez (09:18:11) :

Que bonito.

Simplemente.

4 06 2010
Yassin (09:45:17) :

No sólo la felicidad, el mundo está también hecho de pequeñas cosas (y groucho Marx la enumeró con suma gracia)

4 06 2010
Concha Torres (13:39:59) :

cuando hayas contado doscientas veces “ricitos de oro” a tu prole y se te sigan quedando dormidos en los brazos, el día lo habrás dado por bueno…me dijo mi padre hace años…qué gran verdad!

6 06 2010
SANDRA MONLLOR (16:26:23) :

Como me gusta lo q. escribes, y como lo haces, eres grande Maruja!!!

6 06 2010
Maria Luisa (23:01:31) :

buenas noches Doña Maruja

7 06 2010
Emma (19:45:44) :

Qué bien que aprecies estas cosas. Yo, que tengo dos nenas pequeñas, te lo agradezco. Es un placer.

9 06 2010
María (01:22:09) :

Murió quien yo más quería. Él que me quería más que nadie va a quererme nunca. Adiós, mi querido papá. Y a ese día repentino le sucedió un largo día oscuro de meses. Sólo me marcaban dos momentos las gemelas de tres años del piso inferior. La hora de su marcha a la guardería y la hora de su regreso. Su risa, su llanto, su voz en el patio, justo debajo de mi casa, de la cárcel de mi silencio y mi tiempo triste. Y siempre pensaba, “ay, qué joven mi padre cuando yo tenía tres años y le pedía una estrella y él se reía”. Y vuelta a mi largo y oscuro letargo. “Y qué joven se me ha ido, para dejarme otra vez pidiendo una estrella”. En eso dos hitos concentré la primera parte de mi vida, el momento en el que creía que mi padre, con su fuerza, me bajaría una estrella y el momento en el que yo comenzaba a pensar en bajársela a él. Así comenzó la segunda parte de mi vida, con dos niñas gemelas peleando o riendo en el patio de abajo y la voz paciente o irritada de su madre. (De esa hibernación recuerdo un artículo tuyo que tengo guardado –nada de cúter ni minimalismo por ahora- sobre los momentos que marcan una vida. Cuando lo encuentre, tardaré porque mi sistema de almacenamiento no sigue ninguna lógica -y tampoco sé si es de ese tiempo o procedente de una remesa “diogénica” anterior- tengo que comentarte algo). Buenas noches.