A mí lo que me fascina de este personaje es su capacidad para levitar consigo mismo, haciendo de la modestia extrema su más expandida muestra de soberbia. Hay unos ojillos astutos tras esa imagen de budista con la que nos confunde. No olvidemos que estuvo por un país del Golfo -ahora no recuerdo el nombre- jugando al fútbol en campos enormes sólo para hombres en túnica y kufiyya. El look cráneo rasurado, barba un si es no es, más que nada resulta salafista.

Me doy cuenta de que estoy poniéndome borde con él por momentos. Pero me molestan los hipócritas. Mejor dicho, las aguas mansas.