Lo que ahora viene es más de lo mismo y el lento movimiento de los cocodrilos intentando repeler a quienes quieren expulsarles del poder. No parece que la gente esté por la labor de aceptar a Suleiman. Es impresionante la jeta del tío, presentándose como padre y héroe, en un discurso que sonaba como una auto honra fúnebre, pero que pretendía ser el elogio de su permanencia. Está de psiquiatra.