Bueno, a mí me alborotaron del todo, porque salté del asiento a la parte delantera y me quedé cabeza abajo. Esto del tráfico es casi tan peligroso aquí como en el Líbano. No, no lo es. Pero esa buena mujer que me da vida se quedó con la riñonada izquierda baqueteada, y no paraba de gritar a todo el mundo: «¡Que estoy bien, calma, calma, que estoy bien!». ¡Sólo habría faltado que le hicieran un escáner y hubieran descubierto lo que tiene planificado para mí dentro de su cabeza..!