Anteayer, Neus mantuvo una dura lucha con Tonino para impedirle que se hiciera con media empanadilla que alguien había arrojado a un parterre. Por fin se la quitó -su gestión estomacal habría dañado a mi perro gravemente- y la arrojó lejos, al pie de un árbol. El can medio cegato pero no imbécil se hizo con la copla, y por la noche, cuando salió, intentó dirigirse hacia la empanadilla funesta. Sin embargo, Neus y yo ya habíamos elaborado una estrategia, y esta vez la segunda madre consiguió frustrar la glotonería del pequeño suicida. Sigue vivo y lleva unos días bien. Cada día lo celebramos.