Si por fin echan a Bachar el-Asad y se viene de exilio a Madrid, habrá que cambiarle algo los rasgos para que no le confundamos con el príncipe Felipe, hijo de su gran amigo el rey de España.

Si algo similar ocurriera en Jordania, el problema sería no confundir a doña Letizia con doña Rania en, un suponer, una fiesta benéfica.