… que yo recuerdo era un día lleno de trapos morados en las iglesias, con olor al tomillo que vendían las viejas, y con un aburrimiento mortífero, sobre todo en la adolescencia. Me recuerdo, de jovencita, con otros amigos, haciendo cola en la puerta de la discoteca (por entonces eran pequeñitas), esperando a que llegara la medianoche, piafando todos como potrillos, porque a la sazón era el sábado cuando resucitaba el susodicho, y a esa hora en punto ya nos dejaban mover el esqueleto y trasegar cubatas.