… pero el otro día estuvo hablando con su joven amigo egipcio, el que vive en Barcelona, con vistas a incluirle en mi nueva aventura. Mientras hablaban de cosas muy serias -él es muy pesimista respecto al futuro de su país, se han parado todas las inversiones: «No contemplamos Egipto», dicen los del dinero del Norte-, yo le miraba y le veía conduciéndonos entre templos milenarios, tomándome a mí como confidente.

Ella tendrá una doble vida, pero la mía no está nada mal. Me voy a vigilar cómo se arregla, no sea que se deje la coronilla sin peinar, o restos de mascarilla colgando de la nariz. ¡Es tan arrebatada! Besitos de papel.