Al parecer, se alimentaba fundamentalmente de líquidos. Una vez en que, después de una crisis, se quedó como unos zorros, la reanimaron a base de zumos de naranja, lo único que era capaz de ingerir. Bueno, supongo que algo comía, pero no tanto como bebía. Su madre y ella formaban una curiosa pareja. La madre era del Sur -y ella también: de una pequeña localidad tejana- y una especie de prototipo del lugar. Ya sabéis: Zelda Fitzgerald, Blanche DuBois… En la actualidad la inspectora Brenda de The Closer. Mujeres muy compejas, muy interesantes y con la mente llena de sueños irrealizables. Ella y Patricia se amaban con desmesura y se odiaban en la misma medida. No podían vivir ni contigo ni sin ti. Quedan cartas impresionantes por ambas partes. Supongo que, parcialmente, su madre hizo de ella un ser muy frágil y a la vez, muy duro. Su literatura le debe mucho. En vida, la Highsmith buscó siempre el aislamiento… y el amor. Este último lo encontró con creces pero siempre sintió que amor y asesinato van juntos. Una vez citó a una amante en un zoo, delante de donde se apareaban, a mordiscos, haciéndose sangre, los cocodrilos.

¿Cómo iba a comer bien, la criatura? Supongo que se sentía poco a gusto en ese ritual, primer plato, segundo plato, postre… El vino era lo que mejor llevaba… Y la copita de después.