Un odio social, político y económico indescriptible hacia la figura de Angela Merkell, prueba viviente de la igualdad entre sexos. Pues una mujer repugnante puede ser tan repugnante como un hombre repugnante. A esta Heidi en las Tinieblas, tan cerril como maligna, se le ha metido en la cabeza que puede montar el Cuarto Reich sobre las cenizas de los otros países. Para cuando se dé cuenta de lo que ha hecho se le habrán quemado el delantal y las trenzas.