Con motivo de la exposición dedicada a Romy Schneider que tiene lugar en París, se han escrito tantas tonterías sobre ella -un iletrado: que su hijo David era fruto de su relación con Alain Delon; otro, que fue «una estrella fugaz del cine»: ¿fugaz porque el firmante no estuvo allí durante treinta años?- que me entran ganas de rendirle este homenaje.