La realidad

13 11 2011

El sufrimiento de las mujeres en Sudán. www.periodismohumano.com


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3 respuestas a “La realidad”

14 11 2011
Sengir (03:10:08) :

Parece que aún estamos en la cuerda floja de la soga fuerte de la justicia…siendo esta injusta por la ajustable medida en la que puede aplicarse…
A día de hoy, las mujeres seguimos luchando, porque parece que la batalla ha sido desmantelada para no recogerse nunca…
No debería doler ser mujer…aunque seamos tan “malas” y algún libro religioso reescrito describa detalladamente la forma en que debamos ser castigadas y dominadas por eso…
Aún así, cualquier persona que esta pisando essta tierra, estando aquí, que sea una mujer, aunque sea un hombre, ha estado “x” meses en el vientre de una mujer, comiendo por esa mujer, durmiendo en esa mujer, y ha nacido de ella…despues de salir de ella, en su etapa mas fragil… así que podríamos cuidar eso, como una procedencia que es, que gusto tiene un hombre con tener una familia basada en el maltrado de su mujer, y ademas teniendo a sus hijos de ella, si no la quiere, ni la respeta…con que cara puede mirarlos, si son fruto de algo que esta malo…nosé…
La lucha que tenemos nosotras, en el lugar de la fdamilia (en casa), en el lugar del trabajo, en el lugar de nuestra voz en cualquier sitio, es mucho mayor a nuestras fuerzas, pero nunca se ha detenido…somos debiles? (sonrío)
En algunas partes se mutila a las niñas, en otras se priva de justicia, de voz…aquí, de otra manera tambien pasa
esta claro que siempre seremos demasiadas como para que exista una mayoria que se rinda y se someta, la cantidad siempre sera inferior al poder que ostentamos tansolo con nuestra providencia…
Y hasta el hombre mas rudo o grosero necesita un poco de atencion, cariño…por eso, cuando leo o veo cosas así…me pregunto que estaran pensando…se quieren a ellos mismos? quieren a sus madres? a sus mujeres? sus hermanas? hijas? Un sus no de posesion, sino de posicion…las que estan a su lado…
la nuestra como colectivo, como base de cualquier sociedad, es seguir enebrando la lucha con la paciencia y los días…hasta terminar de tejer una tela de abrigadora justicia…equilibrio…paz.

u.u somos mujeres…y somos muy mujeriegas con nosotras mismas…y si, somos mujer de una sola mujer…Nosotras.

14 11 2011
María Luisa (11:57:51) :

Condenada a recibir 40 latigazos por llevar pantalones, una prenda inmoral.

Por aquí algunos jueces justifican agresiones sexuales por la falda corta que llevaba la agredida. Es una pena que los machistas de mierda del mundo mundial no se pongan de acuerdo respecto a la indumentaria femenina permitida.

14 11 2011
María Luisa (14:29:03) :

El otro día vi lo siguiente en el metro, línea 10 de Madrid, entre Laguna y Tribunal. Entró una pareja muy joven. Él, más presumido que ella o quizá con más posibles, llevaba superpuestas dos camisas polo con el cuello alzado, pelo cortado a la moda con tupé convenientemente peinado en punta, zapatos nuevos, de calidad, pantalones vaqueros caídos y cazadora anudada a la cadera. Todas las prendas de marca cara. Ella, que era muy guapa, no “lucía” tanto; quizá vestía de HM o similar (jersey tostado, minifalda negra, medias claras y bailarinas y bolso negros de aspecto corriente). Iba bien maquillada y lucía una espléndida melena peinada a la moda.

Se sentaron. Muy jóvenes; quizá no tenían los 18. Él, como de broma, le daba puñetazos en el hombro. Ella pareció, al principio, miraba el puño de él golpeándole el hombro derecho sorprendida y como queriendo creer que era una forma peculiar de ser cariñoso o divertido. Pero de pronto puso mala cara y entonces él comenzó a zarandearla (en plan qué pasa tía) y luego la abrazó para besarla. Ella se zafó (como no creyendo que el chico de look tan estupendo con el que salía hiciera eso) y se apartó un poco e hizo una serie de gestos casi benevolentes y simpáticos. Entonces el volvió a los puñetazos en el hombro y ella se apartó, lo miró y empezó a propinarle puñetazos en el hombro a él (parecía que quisiera demostrarle que eso no era placentero). Hay que aclarar que él, además de robusto, sobrepasaba ampliamente el metro ochenta y ella, muy delgadita, no llegaba al metro sesenta. Él volvió a agarrarla empeñado en darle un morreo como fuera y ella se escurrió por abajo de su abrazo: “Uy, mira, ya hemos llegado”.

Yo también me bajaba en esa parada y me acerqué a la puerta. Ella estaba a mi lado, delante de él, y, sin mirarla y empleando un tono de voz en el que sabía que me iba a oír, le dije “tan mucho cuidado y, mejor, plántalo cuanto antes”. Eran muy muy jóvenes.