Con qué sutileza, con qué agudeza expone la felicidad de sus personajes para desmontarla a continuación de forma igualmente delicada: estoy leyendo Entre dos palacios, primera parte de su famosa Trilogía. La trampa de la familia, el reinado del padre, el temor de la esposa, el sometimiento de los hijos… Da ganas de avanzar muy deprisa para conocer más, pero el libro requiere lectura lenta para el deleite en las descripciones, en la captación de los detalles.

Hay una pregunta muy dolorosa que se impone hacerse en estos momentos post Tahrir. En España, estamos todos de acuerdo, permitimos que el dictador muriera en la cama. Sin embargo, la sociedad estaba preparada para el gran salto adelante que supusieron la transición y, después, la democracia; avanzaba a la política en modernidad y deseos de cambio. En Egipto han echado al tirano, ¿pero en dónde están los Tarancón de sus respectivas religiones? ¿En dónde están los cristianos de base que se ponían al lado del pueblo, que eran pueblo, más allá de las liturgias vaticanas y el nacional catolicismo? ¿Dónde están, en Egipto, los ulemas dispuestos a reinterpretar el Corán en un sentido progresista, y los patriarcas coptos que no creen que la suya es la religión verdadera? Hypatia morirá todos los días si el trío Religión, Familia y Patriarcado, no se sacude el polvo. Y lo que es peor, Egipto no saldrá adelante. Las minorías serán ahogadas por el pensamiento -el no pensamiento- generalizado, hipócrita y falsamente virtuoso.