De «nuestros hijos de puta», quiero decir, a la manera de Mubarak, Ben Ali y el propio Gadafi. Y me refiero a Bachar el-Asad. Era el hijo de puta de Irán, y por lo tanto considerado enemigo tanto por Estados Unidos como por Europa. A España la miraban mal los diplomáticos cuando Moratinos templaba gaitas yendo de Beirut a Damasco para calmar las cosas; el Líbano pro saudí se erizaba, Israel se electrizaba, EE. UU. seguía considerando al régimen sirio no ya dictatorial -como sabemos, eso se la sopla siempre- sino amigo del pérfido iraní.

Y ESO ES LO QUE CONVIERTE LA ACTITUD DE OCCIDENTE ANTE LO DE SIRIA EN MÁS CHOCANTE TODAVÍA: que no siendo «uno de los nuestros»  se esté reaccionando con esta tibieza. Misterios. ¿O no?