Yo tampoco creo que el periodismo se vaya, espero que la impaciencia que caracteriza el día a día de las noticias y la sobreposición de nuevas no aisle a Egipto con su tirano; que no haya tsunamis ni otras matanzas -aunque sigue habiéndolas: Irak, Afganistán, Pakistán, por nombrar algunas- que opaquen la auténtica gran noticia del siglo XXI: la insurrección civil de los pueblos árabes, iniciada en el Magreb y consolidada a nivel popular en esa inmensa caja de resonancias que es el País de las Dos Tierras que este faraón inmundo, a quien Jehová parece haber endurecido el corazón, cree poseer.

Entre la senil obcecación del dictador y los intereses de Occidente, atrapados, los egipcios no cuentan más que con su grito, su unión, su pacífica pero tenaz resistencia, su imaginativa organización. La tardía, tibia y repudiable reacción de Estados Unidos y la Unión Europea, así como la insidia -no me cabe duda- del gobierno de Israel, han tejido la red que ha permitido a Mubarak -a quien ya hace décadas sus súbditos llamaban el bailarín por las posturitas que adoptaba según las instrucciones de Occidente- columpiarse encima de su pueblo. Era muy fácil, y sigue siéndolo. Se corta la ayuda de 1.300 millones de dólares que EE. UU. deposita cada año en las arcas del régimen, y sus propios esbirros va y se lo comen. Pero los lobbies judíos en América no van a permitirlo, y todo el poder de hoy -incluído Zapatero- teme, además, el efecto dominó. Si Mubarak se va, todo es posible en la región. Es decir, la democracia, la incógnita, quizás el islamismo.

Pues bien, nada propicia más el islamismo radical que esta pasividad. Si ante la imposición de la democracia por las armas, los demócratas nos tiramos de los pelos aullando que ése no es el método, ¿qué vamos a decir cuando, después de que el pueblo haga lo que tiene que hacer, buscar la democracia dentro de sí mismo, se le burle y se le diga que eso tampoco nos vale? Si la situación degenera los grupos terroristas que anidan cerca del Sinaí pueden ponerse a trabajar, posiblemente con la condescendencia del régimen, para crear caos. O pueden, los mismos esbirros de Mubarak, provocar atentados para achacarlos a la oposición.

El panorama es abierto y el futuro continúa hoy mismo, previsiblemente después de la oración.