Por fortuna, yo me encuentro en un enclave del pasado desde el que no siento el dolor actual de Egipto, aunque sí ya estoy viendo que la cosa -allá en 2009- pintaba mal, y que Mubarak estaba pasándose siete mares oprimiendo a su pueblo. En fin, pasaré la Navidad donde ella quiere, en el S.S. Sudan, un barco a vapor muy antiguo y crujiente y elegante, y será noviembre, y estaré rodeada de gente más falsa que un duro de chocolate, pero eso sí, bien cogidita del brazo de mi querido inspector Fattush. Desde las cercanías de Asuán, él y yo os deseamos toda la paz que el mundo nos niega. ¡Y amor!