Las tecnologias siguen implacablemente mudas. No solo internet. Tengo las llamadas internacionales restringidas. Deduzco que los capitalistas de siempre no se fian del Egipto actual y estan cortando el credito. Pasa lo mismo con el fijo del hotel, sale una senyora que me niega la conversa. En fin: aqui en el business center (es un business clarisimo para el hotel), usandolo como en los viejos tiempos.

Hoy me he enfrentado yo sola con el Golfo Persico, en la piscina del Marriott. Un petrobeso de unos doce anyos, que acababa de cebarse con un triple sandwich y frasco y medio de ketchup se ha dejado caer y ha venido hacia mi para arrancarme el artilugio con el que yo estaba golpeando esforzadamente las aguas. El muy esferico -con incipiente bozo y tetas mas que exhuberantes- ha huido a todo correr y yo he empezado a lanzarle alaridos e improperios en castellano y en ingles. Mientras, el tio, en un rincon de la pisci, intentaba imitar mis movimientos sin ahogarse. Me he lanzado en plan submarino -os lo juro, ni yo misma podia creerlo-, con el claro proposito de agarrarle los pantalones de banyo modelo King Saud Size por la goma de la cintura y bajarselos. El muy cobarde ha salido corriendo, ha subido la escalera -siempre sujetando el adminiculo de marras- y ha pedido ayuda: con doce anyos, ya os digo. Entonces ha aparecido su madre -tambien podia ser Napoleon, dado que iba cubierta con el uniforme de ninja para exteriores-, el nene se ha quejado, y yo les he conminado a devolverme el asunto. Por fin ha aparecido la masajista, que es una de esas santas con uniforme, el pelo recogido en un panyuelo negro y, encima, una gorra de beisbol, y le ha convencido para que lo soltara, mientras yo le hacia al nene un ostensible gesto de rajarle la garganta. Manyana pienso bajar con las agujas de la colcha.

Con Mustafa he descubierto que tengo un problema que es, a la vez, una ventaja. Es un egipcio noctambulo, como casi todos. No se presenta antes de las 16.30, por lo cual todas las fotos que he podido hacer han sido nocturnas, i el iphon no sirve para esas cosas. La Teson va a dejarme su automatica. El caso es que, afortunadamente, esa cualidad de buho de Mustafa me permite visitar barrios y hablar con el vecindario sentada con la gente en la calle, lo cual es de mucho agradecer.

Anoche fuimos a Nazet el-Samaan, que es donde vive la gente que trabaja -o trabajaba- en el turismo, y descubri a un muy animoso tendero, Mohamed, que me dijo que el no esta asustado porque no le teme al trabajo. Antes de la Revolucion tenia tiendecitas de souvenirs, que ahora ha cambiado por tiendecitas de comestibles; porque la gente lo ultimo que deja de hacer es comer.

Luego fuimos a Abu Daoud, otro barrio cercano pero menos turistico, y alli conoci a Ali y a otro cuyo nombre ahora no recuerdo, pero que tengo apuntado. El primero practicamente es el duenyo del minusculo callejon, en el que su familia vive desde su bisabuelo. Sexagenario y muy amable -en plan picaron y viciosillo, pero sin ofender-, me conto que tiene una esposa y tres hijas ya casadas y una a punto de casarse con su primo carnal. Lo de tener solo hijas fue una desgracia pero colocarlas le ha sentado muy bien, al parecer. El otro caballero iba en galabeya y es funcionario del ministerio de agricultura, supongo que conserje. Para ambos las cosas estan peor que antes, pero parecen resignados a la idea de esperar cinco anyos a que se arreglen. El problema, como el de toda la gente con la que voy a hablando, es que van despistados, no saben a quien votar, y tooooodos sin excepcion odian a los militares ex mubarakianos que ahora estan al cargo.

Luego nos fuimos todos a la inauguracion de la tienda del sobrino que se casara con la hija. Estabamos tan euforicos -con disc jockey y todo-, que ni me fije en de que era la tiendecita, iluminada para la ocasion con bombillas de colores, como aqui se hace cuando se inaugura un negoc io.

Cuando regresamos a El Cairo no habia mucho trafico, de modo que ibamos a toda leche, con todo el mundo adelantando, incluidos nosotros, preferiblemente por la derecha. Como no es uso el cinturon de seguridad, y no queria parecer cobarde y no me lo puse, me limite a imaginar repetidamente que me esposaba al freno de mano. Y asi llegue a este venturoso hotel do abundan los ninyos foca malcriados del petroleo.

Continuara.