Ha tenido un par de recaídas. Asusta, porque se queda inane, con ojos muertos. Pero le medicamos y al día siguiente renace. Una de las cosas que me gustan más de él es verle despertarse lleno de vida, emergiendo del sueño sin recordar sus pasados dolores. De repente algo cruza su cabeza, mueve la cola, se yergue, ahueca las orejas y se dirige con paso airoso a la sala. Hurga en su capazo de juguetes y saca uno que no usaba desde hace tiempo, y se pone a jugar como un cachorro.