En los años 50 de este triste país, Xavier Cugat -se le conocía como «el catalán universal»- y uno de sus grandes descubrimientos, Abbe Lane, conocida como «la bomba», una chavalita judía de Brooklyn que era pura sensualidad. Cugat, sus chicas y su orquesta formaban parte entonces del «sueño americano» que frecuentaba los cines de programa doble. Una vez le entrevisté a él, cuando ya estaba con Charitín, una murciana muy sabrosona. Y con sus chihuahuas, claro. Vivía en el Majestic y creo que nunca pagó un duro. Era un poco su residencia para ancianos de lujo.

Abbe Lane