y veremos a todos los que han abjurado de él,  recuperarle con golpes en el pecho. Veremos, después de que se le está dejando ganar, cómo asesta con su victoria un golpe a la esperanza de las revueltas árabes: ejemplo para las que quedan. Pero el oleaje de la historia va y viene. Occidente no tiene vergüenza, de modo que los occidentales que sí la tenemos hemos de atesorar paciencia.