Y es que la realidad, la nuestra, no es aquella con la que se ha tropezado de súbito el Ínclito Mariano, sino el Mariano mismo y su circunstancia, la chicharra de los medios de comunicación, la desaparición de la radio pública por las mañanas. En fin: llevémoslo con garbo. Y con un bellísimo adagio de Mozart, del concierto para clarinete.