¡Buen día a las buenas personas que asoman! De parte de la jefa, que me acaba de desempolvar después de un verano de asueto en la acción, durante el cual solo me he visto sacudida de vez en cuando por alguna de sus neuronas más impacientes, que por favor la disculpéis si tarda un poco en dedicaros la atención que merecéis. Me consta que ayer por la tarde tuvo una entrevista en casa con su editora -yo asistí, agazapada detrás de un ramo de lirios del valle-, y que ésta la conminó a ponerse las pilas, la animó con varios «tú puedes hacerlo» -pues M. T. se halla en una de esas fases de desánimo que en ella preceden a la escritura-, y casi le hizo retroceder cuando, a renglón seguido, se pusieron a comentar la actualidad, que es algo que a la jefa la tiene muy tocada. Pero de eso va a ir la novela, precisamente. Por lo que escuché, Diana Dial -por una serie de imprevistos que se anuncial al principio del libro- se ve obligada a interrumpir su apacible deambular por los crímenes del mundo, para enfrentarse con ¡la realidad española de ahora mismo! Y eso le supone un choque, pues nunca esperó ver a ¡su propio país! lampando. Unidle a ellos asesinatos relacionados con la economía y la política, en cuya resolución yo impartiré justicia a diestro y siniestro…. ¡Oh, no veo la hora de empezar! Ella se ha despertado con sentido de culpa y, tras engullir dos de esos sucedáneos de tostada que el Doctor Dieta le proporciona, y cuatro Clooneys, parece dispuesta a dar el callo. Además, vienen la Pepi, a hacer limpieza, y el Jose, el fontanero del barrio, a cambiar los tubos del fregadero, que más que atascados parecen una previsión financiera.

En cuanto pueda se pondrá a comentar la actualidad y, sobre todo, a subiros fotos. ¡Nos vemos!