Como sabéis, el jueves volé a las 7 y pico hacia Tenerife, en donde me acogieron mis amigos Fernando Delgado, Carmen Ramírez y Malén Aznárez. El primero dirige el Seminario El Mundo que Queremos, la segunda es amiga que echa una mano, y la tercera es mi colega -ex de El País, se fue dignamente en tiempos mejores-, actual presidenta de Periodistas Sin Fronteras. Mientras tomaba café con ellos me pusieron al corriente de que en seguida tenía un par de entrevistas en el mismo hotel Mencey -estupendo, lástima de pocos días-, luego comeríamos juntos, luego pelín descanso, luego rueda de prensa, luego coloquio. Así transcurrieron las cosas, la charla con Malén -y la intervención discreta de Delgado- salió muy bien, y al final Malén se fue a casa de una amiga tinerfeña y el resto, con el director de la Fundación de Cajacanarias -que nos patrocinaba- y la simpar Carmensa de la Hoz -una nueva amiga: ¡albricias!-, que no se parece a nadie, es decir, es única, nos fuimos al puerto de San Andrés y cenamos cherna, morena y papas con un mojo muy muy muy picón, en la Cofradía de Pescadores. Ideal de la muerte. Había estrellas en el cielo -esa parte estaba ya oscura-, una luna creciente muy fina, moruna, y la vía láctea: allí ya vi que estaba mi amigo Adrián, que murió hace meses.

Al día siguiente amanecí algo más descansada, tuve estupenda entrevista radiofónica por teléfono, y luego salí a la terraza del hotel a tomar el aire y lanzar eructos producidos por el exceso mojopicónico de la noche anterior. Pronto pasó a vernos Carmensa: había conseguido arreglar mi visita al Observatorio del Teide para ese mismo día, gracias a los oficios de un sabio biólogo, Carlos Silva, quien nos acompañaría. Así pues, armadas de mantas y de anoraks salimos hacia las 15 horas hacia Teide. Recogimos a Silva a la salida de Santa Cruz y durante el camino nos dio una clase magistral de plantas, árboles, movimientos telúricos, lavas acumuladas. Precioso. Llegamos y allí estaba el director del Instituto de Astrofísica de Canarias (os recomiendo su página: www.iac.es), Paco Sánchez, un verdadero mago y maestro, fundador y director del IAC, que empezó con esto en el 61, cuando no había nada ni éramos nadie en astrofísica, y ahora suponemos el 7 por ciento de la Astrofísica del Mundo Mundial (con permiso de Manolo Gafotas). Allí, él y  sus muy simpáticos y sabios colaboradores nos mostraron las piezas cumbres. ¡Vimos el sol por un telescopio! Pero lo mejor fue como nos llevaron de un sitio pa otro, venga subir y bajar, venga ascensores y venga escaleras, hasta culminar en la subida a la cúspide del que analiza los rayos del sol. Cuando nos abrieron la cúpula, apareció el Teide en toda su belleza y en plena caída del sol. Ayyyyyyyy.

Pero aún quedaba algo: la última adquisición, el llamado Quijote, un telescopio que analiza el Big Bang y que podrá hacer fotografías del momento en que EMPEZÓ TODO.

Nuestro IAC -que incluye el Observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma, para ver las estrellas- es objeto de admiración y peregrinación de astrofísicos extranjeros, aquí estudian, perfeccionan y aprenden. Menudo subidón me dio. Y no sólo por estar a 2.600 metros de altura.

Ahora estoy en Madrid. Ayer me levanté a las 4.45 (hora  de canarias), para tomar otro avión tempranero. En cuanto ingresé en la preciosa y húmeda jornada madrileña, con sus colores de otoño que roban el alma, me dirigí al Thyssen y allí, aforo pleno, amigos y fans, y conferencias sobre el Paraíso, con manzanas y serpientes, que fue Beirut para mí. Ahora estoy entregada a los amigos, y a partir de mañana organizaré mi vida para cumplir también con obligaciones.

Y esto es todo, gente bloguera.