“El topo”

8 01 2012

La caracterización de Alec Guinnes, portada de una reedición del libro

Por si queréis saberlo, El topo está hecha con los restos, mejor dicho, con “bocaditos” de la gran novela Tinker, taylor, soldier, spy de John Le Carré, cosa que no le ocurría a la mini serie (siete capítulos) grabada en 1979 con Alec Guinness en el papel de George Smiley, y con una breve aparición, como la complejamente infiel Ann (que se repetiría tres años después: ambos, en Smiley’s People), de Sean Phillips, que fue esposa de Peter O’Toole en la vida real y nada menos que la perversa Livia en Yo, Claudio, también para la tele.

Aunque el propio Le Carré avala esta versión, supongo que el hombre, que es humano, necesita pasta, y que además sabe que la intensidad y el embrollo de su novela no caben en dos horas. De modo que se hizo lo que se pudo. El topo, la peli, tiene ambiente, pero no resiste el recuerdo de la serie, y no resiste su consistencia -lo comprobé, volviendo a ver la serie-, porque ésta tiene algo muy importante. No recrea atmósferas: las retrata. En el mundo pre caída del Muro de Berlín apenas había que retocar los escenarios, los actores fumaban como en la vida y bebían como suicidas, Londres no tenía esas moderneces de hoy, los pubs apestaban a cordero rancio, y la frustración de los servicios secretos británicos en relación con sus primos norteamericanos era candente: hoy están todos arrodillados, y hay que fingirla. Por eso, y porque los actores no vivieron aquello, tengo la impresión de que todos van disfrazados. Es como si una pandilla de chiquillos escenificaran la matanza de San Valentín o algo por el estilo. Aparte de que el capítulo apliques capilares fingiendo canas o calvas es sencillamente patético.

Puede gustar a quienes no conozcan el original, ni las tortuosas relaciones entre los muchos personajes que se han omitido en esta versión, ni la dignidad de perdedor de Smiley (en un mundo sin honor, él lo tiene) que, en manos de Gary Oldman, se convierte en una remilgada actuación de guardarropía. Es una película muy lenta, tediosa a ratos, con un final forzosamente precipitado porque tienen que explicártelo todo. ¿Y cómo vas a hacer un resumen de la generación de espías finos a lo Kirby, made in Oxford, que está en el origen de ese topo?

Cuando más la pienso más la dejo de pensar.


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2 respuestas a ““El topo””

9 01 2012
Raúl Fernández Justo (06:45:52) :

Ilustrando que es gerundio…Gracias Maruja.

9 01 2012
María Luisa (11:19:10) :

Yo, que no he leído la obra de Le Carré Calderero, sastre, soldado, espía y, tampoco, visto la serie de siete capítulos (me apunto ambas, por cierto, para un futuro lo más inmediato posible) he visto la peli; anteayer. Y sí me ha gustado.

Lo primero que me interesó de este El Topo es su color desaturado; recuerda aquellas viejas fotos de color de los años 70 que han perdido con el tiempo la intensidad y dan una imagen un poco parda de todo… pero es algo más: la atmósfera. Si el gran Velázquez “pintaba” el aire, hay algo en esta peli (no sé si la iluminación o los filtros o lentes empleados en la fotografía) que, a mi juicio, recrean “ambiente”. Y digo recrean sin haber conocido el Londres de entonces… pero sí haber vivido conscientemente aquellos años.

Luego están las localizaciones y decorados; me cautivaron. Conviven en ellos estancias, muebles y enseres pervivientes desde la II Guerra Mundial junto con los hits técnicos de la época (los enormes télex) y las audacias estéticas de esos enmarcados rectangulares o cuadrados de bordes redondeados tan de parte de los 60 y 70.

El vestuario, la peluquería (cabezas de pelos repeinados y colocados en perfectamente en su sitio gracias a aquella brillantina o a una higiene capilar insuficiente)… En fin.

Creo que se trata de una de esas virtuosas e impecables producciones de época inglesas.

En la sala hubo gente que se quejó de la lentitud de la película. A mí no me molestó como me molestan las persecuciones implacables repletas de efectos especiales y destrozos tan del show made in Hollywood)… aunque, también a mi juicio, la peli quizá habría ganado prescindiendo de algunos primeros planos en perfecta quietud (solo perturbada por las volutas de humo) de sus personajes principales. Sin embargo, y a esos niveles, pienso que la tarea del espionaje y contraespionaje ha de requerir una peculiar calma para leer y releer los archivos, oír y reoír las cintas magnetofónicas hasta encontrar el quid que da la clave de la cosa. Quizá la idea del director era retratar eso.

Me gustó Gary Oldman; muchísimo John Hurt en su papel de Control. También Toby Jones y, por supuesto, el elegante Colin Firth.