Maruja del Nilo

20 04 2012

Su detective Diana Dial remonta el Nilo para esclarecer un asesinato en vísperas de la eclosión de la primavera árabe y a la plaza Tahrir

Del desinterés a la fascinación. Maruja Torres (Barcelona, 1943) cambió su indiferencia hacia Egipto por un profundo interés cuando viajó al país de los faraones para depositar las cenizas su bienamado colega Terenci Moix. Algo hizo clic en su magín, del que años después ha surgido ‘Sin entrañas’ (Planeta), una satírica intriga en el misterioso Nilo con cadáver momificado y quince sospechosos. La ha presentado sobre el terreno, inmersa en bullicio cairota y con la pirámides como grandioso decorado.

Es la segunda novela negra de esta periodista y escritora sin pelos en la lengua que se trasmuta en Diana Dial, resuelta reportera devenida en detective y tan deslenguada y desencantada como ella de una profesión y un mundo “en el que mandan los mediocres”. Es, además, un homenaje explícito a Agatha Christie con el que fustiga -con tanta mala leche como ironía- a poderosos corruptos y prepotentes de aquí y de allá. “Entre misterios como pirámides emergen verdades como puños”, resume. Si ‘Fácil de matar’, su debut en el género negro, fue un ajuste de cuentas con su pasado reciente y con un oficio que adora pero del que está de vuelta, Maruja del Nilo se embarca ahora en un ejercicio de estilo y un homenaje al género de la mano ‘negra’ de una de las grandes damas del crimen, su admirada Agatha Christie y evocando a su llorado Terenci.

Encierra a “una quincena de hijos de puta y media docena de buenas personas” en un lujoso yate que remonta el Nilo para resolver en una paródica travesía entre Luxor y el Cairo el oscuro asesinato de Oriol Laclau y Masdéu, un tiburón inmobiliario de la Cataluña convergente que amasó una inmensa fortuna en la Barcelona preolímpica. Un ‘pastizal’ que dedicó a la compra de bienes y voluntades y a su irrefrenable pasión por la arqueología y los tesoros faraónicos.

Neocolonial

Compuso al asesinado tomado “de aquí y de allá” en un mosaico de muchos personajes públicos catalanes. Entre los sospechosos tramó lazos, amoríos, venganzas, envidias, miserias y delirios de grandeza. Ninguno sale bien parado en una “trama neocolonial”, a veces delirante, que escarnece sobre todo a los parásitos de la agónica dictadura de Mubarak. Cuesta poco reconocer a Zahi Hawass, oscuro director de antigüedades de Egipto, todopoderoso funcionario al servicio de sus propios intereses y los del dictador, al que Maruja Torres en el personaje de Hadi Sueni. “Los corruptos y los prepotentes, en la ribera del Nilo o de la del Llobregat actúan igual. Cuando matan pueden escudarse en el poder y el dinero”, apunta. “No es que los ricos maten mejor, pero quedan más impunes. Sabemos menos de sus asesinatos. Tienen quién les cubra y pueden sobornar”, ironiza la escritora. “Además, tienen siempre a mano el accidente doméstico, un arma muy peligrosa que da muchísimo juego”, se carcajea.

Juega Maruja Torres de nuevo con el amor-odio que le suscita Oriente Medio y se desinteresa del albañal patrio. “Lo de Camps, Fabra y Matas es tan obvio y de tan mal gusto que no da una novela», asegura. El brillo de sus ojos azabache confirma que no le haría ascos una novela “con asesinato en una regata con infantas”. Le provoca menos novelar “una regia cacería de elefantes”. Rehizo en 2009 el lujoso crucero en el que Agatha Christie situó ‘Muerte en el Nilo’, que resuelve Hércules Poirot. Cerró el relato antes de que la explosión de la primavera árabe cuajara en la revolución de la cairota plaza de Tahrir que tantas esperanza dios a la mortificada clase media egipcia. “Quería novelar los precedente de esa revolución, la corrupción galopante que la hizo posible, los abusos de un sistema que sigue hoy alimentando indignidades y un neocolonialismo que denuncio entre risa y muertes”, explica. Ha querido presentar la novela en El Cairo para apoyar a esa clase sufridora y necesitada del trabajo y las divisas que aporta un turismo hoy catatónico.
Diana Dial cuenta de nuevo con el comisario Fattush, colega libanés, perfecto cómplice y confidente, “su doctor Watson, con el que se entiende a las mil maravillas y con el que nunca se irá a la cama”. “El amor no estropeará su sólida amistad, y mucho menos el sexo”, zanja el asunto la escritora. Encerró a su detectivesca pareja con el hilarante zoo humano que navega el SS Karnak en una singladura que elude templos y visitas a las pirámides. “Me intereso más en la situación que en el ambiente. No quería un libro turístico y sí encerrar a esas fieras en el barco, un sarcófago flotante, hasta que se sacaran los ojos y se hiciera la luz sobre el asesinato”. Una tensión que mantiene a lo largo de casi trescientas páginas en las que se avanza “desmontando las trampas que yo misma me he puesto, que es lo que debe hacer un escritor”. “Diana Dial tiene mas mala leche que yo, es mucho más dura y algo más joven, pero esta vez es más yo que nunca”, concede Maruja Torres, que de poner cara de actriz a su personaje optaría “por una Annette Benning un poco más joven”.

En plato frío

‘El conde de Montecristo’ es la novela favorita de Maruja Torres-Edmunda Dantés, que con sus novela se venga, como el personaje de Dumas, de los desagravios del periodismo. “Me tomo unas libertades vedadas hoy en un oficio casi impracticable”, dice. “Sigue habiendo sitio para los buenos periodistas. No nos equivoquemos: lo clásico no esta reñido con al tecnología. El cáncer son quienes creen que echando a los viejos son mas modernos. No es verdad. Lo mismo pasa en otros campos donde mandan los mediocres que creen que prescindiendo de sabios ellos serán más inteligentes”, dice esta curtida ‘plumilla’. “Tardará, pero los inteligente volverán al poder. De momento están los imaginativos activos”, vaticina.

Habrá nueva entrega de Diana Dial, a quien encontraremos en Roma con un caso de corrupción inmobiliaria que salpica a la jerarquía católica. “Un muerto aparece desnudo en un piso propiedad de la obra Pía de la iglesia española en Roma. ¿Seminarista? ¿Guardia suizo? ¿Chulo del Trastévere? Se verá”, anticipa. “Me interesan los españoles en los países exóticos, y el Vaticano es de un exotismo muy, muy heavy”, dice esta curtida reportera, articulista y narradora, ganadora del Planeta y el Nadal. Admiradora de Sue Graffton, de clásicos como Chandler, Hammet, o Simenon, curtida en mil batallas, Torres se presenta hoy como “una nena del Raval convertida en una señora del Eixample”. Con 69 ‘tacos’, sigue en la brecha y lanzada con entusiasmo a la blogosfera “como si fuera la primera aventura de mi vida”. Ha llovido lo suyo desde sus primeras novelas, ‘`Oh, es él!’ (1992) y ‘Ceguera de amor’ (1994). A libros de viajes como ‘Amor América’ (1994) y novelas vagamente autobiográficas como ‘Un calor tan cercano’ (1997), sucederían sus memorias profesionales, ‘Mujer en guerra’ (1999). Los broches de oro a de su palmarés llegaron con ‘Mientras vivimos’ (premio Planeta en 2000) y ‘Esperadme en el cielo’, homenaje a sus grandes amigos Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán que le daría el Nadal en 2009.

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