Maruja Torres: “Cualquier día caigo en Twitter, con seudónimo cobarde y vil”

25 04 2012

Resulta natural que la segunda aventura de Diana Dial, transmutación de Maruja Torres en su serie de novelas policiacas, se desarrolle en Egipto. El país de los faraones es tan fascinante como puede resultar, en ocasiones, exasperante, conservando esa turbulenta relación que ya mantiene la autora con Beirut, escenario de la primera entrega. Y, como ocurre con el Líbano, Maruja lo ha pateado a fondo.

Eso convierte al Nilo en el escenario ideal de Sin Entrañas (Editorial Planeta), una trama en la tradición de Agatha Christie, donde Torres vuelve a ajustar cuentas a través de sus personajes “personales pero también de clase social. No soporto a esa gentuza que medra junto al poder y pisa a los que tienen debajo”, explica-, esta vez, con la opulenta clase política que rodeaba al depuesto dictador Hosni Mubarak, arrogante y corrupta, símbolo de toda una generación de gobernantes árabes a los que, finalmente, la Historia y sus poblaciones están poniendo en su lugar.

Al teléfono, Maruja suena exultante. Acaba de regresar de Egipto, a donde voló para presentar la segunda novela de la serie iniciada por Fácil de Matar, sobre un crucero destinado resolver el aparente asesinato de un potentado empresario catalán a petición de la hermana de éste, una falsa lady con delirios de grandeza. Lo hizo invitada por el Ministerio de Turismo del país árabe, lo cual “da bastante pavor, pero como están en el filo de la navaja la cosa resultó bastante divertida. Me apetece instar a los españoles a que no dejen de hacer turismo, que vayan al Cairo”.

En las páginas de Sin Entrañas acompañan en su viaje a la ex reportera y detective Dial y a su inseparable compañero de investigación, el inspector libanés Fattush, 15 sospechosos del asesinato, desde un arqueólogo corrupto y su amante hasta la secretaria o el biógrafo de la víctima, pasando por una vieja gloria de la canción local, amigo inseparable de la viuda. La acción, ágil, intrigante y marcada por la ironía y la verborrea que caracterizan a la autora, transcurre a bordo de un barco que ella misma tomó y que le permite acercar la travesía entre Luxor y el Cairo al lector con todo detalle.

Los personajes, excéntricos y decrépitos, describen a toda una clase social que se mueve con una mezcla de arrogancia y terror infantil en tierras faraónicas, y también a una sociedad egipcia inmovilista y derrotista tras la cual se percibe de forma nítida el descontento que le llevaría a apoderarse, hace un año, de su destino desafiando a la dictadura.

“Nunca intuí la revolución, ni mucho menos. Cuando ocurrió me emocioné, me conmoví. No supe ver, en mi optimismo, el peso de las fuerzas negativas que perduran en Egipto y que, esbozadas, son las que refleja el libro. Creí de verdad en el triunfo de la revolución para siempre. Pero las fuerzas vivas-muertas son muy arteras”, reflexiona la autora desde Barcelona.

Maruja se adivina cómoda en la novela policiaca. También feliz como una niña en el día de Reyes cuando construye las tramas.  “De repente, esta torpe que no sabe ni solucionar un sudoku, ha encontrado lo impredecible. A fuerza de estrujarme el cerebro he aprendido cosas sobre la construcción de argucias criminales. Y esta vez, ya sin la necesidad de ajustar cuentas con Beirut y sus miserias, he podido dar rienda suelta a mi humor”.

A los dos protagonistas que la desarrollan, Dial y Fattush, les une una complicidad profesional y personal que desafía los tópicos occidentales sobre las diferencias con el mundo árabe. “De eso estoy especialmente orgullosa. Esos codazos que se dan, esa comprensión del genero humano que sienten los dos, esa ternura del uno por el otro. Con decirte que me lo pienso llevar al Vaticano en la próxima aventura…

Probablemente, las aventuras de Diana Dial también sirvan a Maruja para distanciarse mentalmente de España, donde lo que lleva realmente mal “es esa estética de ataúd auténtico que tienen nuestros sobrios enterradores. Ver al trío Rajoy-Guindos-Montoro, con los palmeros Wert y Soraya, y con Ana Mato (…) es que me mata, estéticamente hablando”. Más allá de la estética, a esta periodista nata e impenitente le compensa el cambio de país de residencia –hace dos años que dejó El Líbano, aburrida de la relativa estabilidad del país árabe- por la actualidad que se avecina. “Creo que lo excitante de España -de Europa- es que en muy poco tiempo va a estallar una crisis social con una oleada de ira y violencia, santas y justas, que se nos va a llevar a todos por delante (…) Lo que viene es el fin de lo que hemos conocido y prefiero estar cerca para verlo. Si tuviera 40 años emigraría, pero a los 69 ya casi todo me da igual, al menos lo que hacen nuestros gobernantes y sus colaboradores”.

Torres considera que la crisis económica es consecuencia de la crisis de valores. “Lo que más me preocupa es contemplar a los jóvenes de en torno a 30 años, indefensos y desarmados porque carecen de valores, que fueron educados en una irrealidad que ahora les pasa cuentas. Gente que pasó por el máster de la vida creyendo que iba a encontrar su sitio. Poco preparados para el dolor, pero sufriendo mucho. Por otra parte pienso que los que ahora tienen 15 años pueden cambiar el mundo. La crisis económica es terrible para muchísimas familias, sabemos de casos de suicidios frecuentes, hay gente normal que se va al aeropuerto a dormir para tener un sitio a cubierto… Es espantoso. Y así y todo, no lo es tanto como haber nacido pobre en Egipto”.

Peor lleva Maruja Torres el secuestro del periodismo por parte de empresarios sin escrúpulos y profesionales mediocres venidos a más. “Sigo creyendo en el periodismo y en que las tecnologías juegan a favor nuestro. Sólo necesitamos deshacernos de los empresarios codiciosos que odian el papel, que han hundido su propia obra, y que creen que el digital les ofrece una oportunidad de volver a empezar a hacerse los dioses. Algún día pagarán por lo que deshicieron: yo, en mi gira con el libro, me estoy encontrando con gente muy capaz. Sólo necesitamos unirnos, y que los lectores abandonen la resignación, y despierten. Hoy más que nunca necesitamos periodismo, y no maestros cantores”.

Más cómoda que nunca en el ciberespacio, donde mantiene un blog que demuestra que arrastra lectores más allá del medio donde mantiene una columna de opinión, Maruja sopesa el salto a Twitter a petición de muchos usuarios. “Diles que no quiero ir a la cárcel. Ayer mismo estaba en Prado del Rey esperando que me entrevistaran. Si hubiera tenido cuenta Twitter habría escrito: “Acabo de ver a JC con una escopeta persiguiendo a Timón y Pumba”. Pero cualquier día caigo, con seudónimo cobarde y vil”.

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2 respuestas a “Maruja Torres: “Cualquier día caigo en Twitter, con seudónimo cobarde y vil””

25 04 2012
BENJAMIN (11:04:53) :

No a Twitter

7 05 2012
María Luisa (09:08:52) :

Acabo de terminar Sin Entrañas y me ha gustado. Lo de los Kennedy de Cataluña es impagable así como el retrato de algunos paisajes y momentos con mucha intensidad evocadora. Y el desenlace de la novela ágil… qué digo ágil: brioso. Gracias, guapa, me he divertido mucho leyéndote una vez más.