Lo de que Margaret Thatcher no tocó el sistema de salud, por mucho que lo diga Streep, es falso. Hice un reportaje en Gran Bretaña cuando la primera ministra estaba en el poder y acababa de imponer la Poll Tax, usando como conejo de Indias a los escoceses. Visité centros de salud de barrio, hablé con otros periodistas, fui a hospitales. Fue con ella cuando se puso de moda lo de, en la pública, mandar al paciente a casa tras haberle visitado. No había camas, y en algunos hospitales no había ni bombillas. Eso sí, consiguió convencer a la ciudadanía de que cada ciudadano tenía que tener su casa en propiedad. Y acabó con los sindicatos. Meryl es muy dueña de sufrir su propio síndrome de Estocolmo, como Leonardo di Caprio lo padece respecto a J. Edgar Hoover, que fue un azote. Son actores, no sociólogos ni politólogos. Ni siquiera periodistas.