Un buen reportaje

23 01 2012

En www.elpais.com


Acciones

Informacion

Una respuesta a “Un buen reportaje”

23 01 2012
María Luisa (12:27:09) :

Los viajes más divertidos que he hecho en mi vida han sido cruceros. Dos. El primero en un velero de dos palos restaurado de los que, en vez de quilla, llevan orzas móviles para navegar por aguas de poco calado. Éste, que se llamaba Sperwer, llevaba 18 personas de pasaje y 4 tripulantes. Navegamos por las maravillosas islas Frisias, en el mar del Norte y, también, hicimos un poco de cabotaje por la costa holandesa. Creo que me costó unas 60.000 pesetas de finales de los 80 y que, si hacía falta, los pasajeros echábamos una mano en las tareas de navegación. Además, constituíamos grupos de cocina y comprábamos y preparábamos nuestras comidas. Me divertí como nunca.

En el segundo viaje, que hice en 1990, consistía en cabotaje por los alrededores del delta del Ebro, el barco era más pequeño: 6 pasajeros y el patrón. Fue más baratito y el barco era un velero de un palo y un solo camarote. La comida nos la autosugestionábamos igualmente. La mayoría dormíamos en la cabina / cocina / sala / comedor que tenía una especie de literas. El patrón dormía en algo así como un curioso reducto que se abría por debajo de la bañera. Aquí “navegué” más: me dejaron llevar la caña y experimentar con trasluchadas y otras maniobras como marear la escota en ausencia de viento… en una ocasión íbamos a atracar en un puerto (Alcossebre) que por entonces estaba mal dragado y tenía un poco de peligro. El timón estaba en la bañera y los instrumentos electrónicos abajo, dentro de ese espacio multifunción. El patrón me explicó cómo funcionaban (una sonda y no recuerdo si rádar o sónar) y yo le iba cantando la lectura de los datos mientras él en consecuencia iba gobernando la nave. Atracamos sin novedad.

Si un barquito, en 1990, llevaba instrumentos de navegación para prevenir las contingencias de los fondos marinos, qué no llevará un enorme buque veinte años después. Y, además, no puedo comprender por qué se aproximó tan temerariamente a la costa.