En 48 horas estaré a punto de subirme a un avión que me conducirá a Atenas, si las diosas me son propicias. Qué ganas de dejar atrás, por tres semanas, esta cochambre. Aunque seguiré conectada, preocupada y escribiendo los artículos que requieran nuestros asuntos, el hecho de sentirme sacudida por aquel paisaje -de nuevo la Acrópolis desde mi balcón, aquellos placeres -aceitunas de kalamata, vino de Creta- y aquellos amigos me dará fuerzas y me hará reflexionar con nuevos ingredientes, que aquí damos vueltas todo el rato a lo mismo como si apaleáramos ropa sucia.

Estos días ando como loca de un sitio a otro, preparando la partida. Como pienso dar un salto de Atenas a Beirut para pasar cuatro días entregada a los amigos de allá -menos que en Atenas, pero también de gran calidad, ¡y también con niños!-, estoy rozagante buscando cosas. En fin, que soy feliz, como siempre con los preparativos de un viaje.