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Hoy el Gobierno y sus propagandistas pasarán el día pendientes de las noticias que lleguen de Washington, donde el FMI celebra su asamblea anual. El organismo actualizará sus previsiones para 2014, y los nuestros esperan que nos mire con mejores ojos. Con que nos concedan una decimilla de crecimiento del PIB para el año que viene ya nos vale; cualquier cosa que supere el cero pelón que nos pronosticaron hace unos meses será visto como una victoria por un Gobierno que se agarra a cualquier yerbajo para anunciar brotes verdes, el fin próximo de la crisis, la recuperación “a la vuelta de la esquina”.

¿Y nosotros? Evidentemente, no saldremos a la calle a celebrar que el FMI nos pronostique un par de décimas de crecimiento. Su credibilidad entre nosotros es escasa, tras comprobar una y otra vez que se equivoca tanto haciendo previsiones como dando recetas. Además, los indicadores que más directamente nos afectan, como el paro, seguirán siendo pésimos. Y pese a todo, muchos sentirán alivio al oír que, aunque crezcamos poco, al menos no seguiremos cayendo.

Y lo que sigue, en El Diario.