Meten en prisión a Bárcenas y a un arzobispo (en Roma) por lo mismo, de una manera u otra: corrupción. ¿Por qué no damos saltos de alegría? Porque las instituciones (un partido gubernamental corrupto y una Iglesia encenegada) continúan marcando el paso de siempre, sin inmutarse. Ni el PP ni el Vaticano se harán mejores porque encierren a algunos de sus culpables. Es demasiado tarde para ellos.