Gran reflexión de Gallego-Díaz

22 09 2013

Sobre el cinismo del Gobierno holandés, expresado en su solemne trono por el Armiños:

“El Estado de bienestar del siglo XX se ha terminado. En su lugar surge un ‘sociedad participativa’ en la que las personas deben asumir la responsabilidad sobre su propio futuro y crear sus propias redes de seguridad social y financiera. La gente quiere hacer sus propias elecciones, organizar sus propias vidas y cuidar unos de los otros”. Lo que más asombra de este discurso, leído la semana pasada en la televisión de Holanda por su nuevo rey Guillermo, pero redactado por el Gobierno —una coalición de conservadores y socialdemócratas—, no es su extraño tono decimonónico, sino su soberbia. Su pretensión de instalarse como verdad revelada, consecuencia de unas transformaciones tecnológicas imparables, llegadas de la mano del siglo XXI y de la famosa globalización comercial. Como si existieran hechos incontrovertibles que provocan respuestas irrefutables, que no pueden discutirse con argumentos ni razones. Y sin embargo, son simplemente frases que traslucen una gran arrogancia, porque lo que están formulando es un programa político, algo, por definición, muy discutible.

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