Necesarios y cada día más difíciles. Hoy, por la radio, una de esas personas que atienden a los parados en las oficinas de empleo comentaba con amargura cuánto dolor ve a diario, y acusaba a los empresarios de pedir la Luna y ofrecer la miseria. Ha hablado de uno que quería un vendedor y también descargador que supiera inglés y estuviera titulado. Esa es una de las puñaladas que se reciben desde fuera, por no hablar de la gente a la que se conoce y lo está pasando muy mal.

Sin embargo, nadie me impedirá, hoy, caminar por mi calle y dar gracias porque la floristería revienta de colores -ellos, que han ajustado los precios hasta lo indecible-, que el sol rachea en las terrazas y que una caña a mediodía supone una parcelita de gozo que engrasa el motor, el necesario motor de la resistencia.

Salud, gente.